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Asunto: Nuestros antepasados caníbales
Fecha:Viernes, 11 de Abril, 2003  10:54:45 (+0200)
Autor:José Luis Santos <joseluis @..............com>

 
 
Fuente: El Mundo, Cultura, 11-04-03
 
Nuestros antepasados caníbales
 
Un estudio demuestra que la carne humana se degustaba con frecuencia en las comunidades humanas prehistóricas
 
ANGELA BOTO 
 
MADRID.- Uno de los platos habituales en la mesa de nuestros antepasados prehistóricos parece haber sido la carne de sus propios congéneres. Sin embargo, aunque en principio esta idea nos puede resultar desagradable, el canibalismo de nuestros parientes lejanos ha resultado muy beneficioso para algunos de los humanos actuales. 
 
Contrariamente a lo que se ha venido asegurando», revela Navarro, «la especie humana no surgió porque nuestros ancestros evolucionaran por su cuenta después de aislarse físicamente de donde se encontraban los ancestros de los chimpancés».  
 
La investigación que ha desarrollado Navarro junto con Barton demuestra que la especiación no fue fruto de una barrera geográfica, que no hubo «un divorcio total entre la estructura de los cromosomas de ambas especies» y que la especiación no se produjo «en un momento concreto».  
 
Navarro, biólogo del programa Ramón y Cajal, habla más bien de una «barrera genética», de una convivencia genética y de un «proceso gradual de especiación» que se alargó durante miles de años.  
 
«Nuestros ancestros y los de los chimpancés -que son nuestros parientes vivos más cercanos- no dejaron de convivir en el mismo entorno. Incluso se reproducían entre ellos. Lo que ocurrió fue que progresivamente fueron diferenciándose genéticamente, hasta que llegó un momento en el que ya no se podían reproducir entre ellos, como nosotros no podemos reproducirnos con un elefante», explica. «Así surgió la especiación, hará aproximadamente seis millones de años». Por tanto, según estos científicos, «los cambios en la estructura de los cromosomas han jugado un importantísimo papel en la generación de especies diferentes».  
 
Navarro y Barton han podido urdir esta teoría tras comparar genes de humanos y de chimpancés durante 10 intensivos meses. Aunque el genoma de estos primates no está del todo descifrado, la información recogida hasta el momento ha permitido concluir al equipo de científicos que «los humanos y nuestros parientes vivos más cercanos diferimos en aproximadamente un 1,24% de nuestras secuencias de ADN». Lo que, dado el gran tamaño del genoma, de 3.000 millones de nucleótidos, «significa que hay casi 40 millones de cambios entre las secuencias de ambas especies».  
 
Los científicos aseguran que «la gran mayoría de estos cambios no tienen ninguna importancia», así que para realizar su trabajo no han necesitado disponer de todo el genoma de los primates, sólo necesitaban parte de la información.  
 
Su revolucionario análisis comparativo se ha basado en el estudio de los procesos de especiación: han seleccionado algunas secuencias genéticas -concretamente, cromosomas reeestructurados- de humanos y chimpancés y las han comparado, llegando a la conclusión de que los procesos de especiación fueron graduales. El objetivo último de esta investigación es descubrir «qué genes fueron los que provocaron la separación de las especies». 
 
 

© 2001-2003, José Luis Santos Fernández - joseluis@terraeantiqvae.com
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