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Asunto:[TA] Le dormeur du val
Fecha:Lunes, 29 de Noviembre, 2004  10:22:31 (+0100)
Autor:José Luis Santos <joseluis @..............com>

 

Por los votos, o por las botas. O por; ¿los versos y los besos?

 

¿Estamos locos? El otro día veía la tv, en las noticias de la noche emitían las terribles imágenes del asesinato de una persona, el muerto, un iraquí tendido en el suelo, al parecer respiraba, luego no. Un disparo a bocajarro terminaba con una vida, y con dos seres humanos para siempre. Nacía un futuro francotirador, que dará el día en algún pueblo de E.U. no se sabe cuando, a la vuelta de la guerra, cuando regrese esa alma en pena, que una vez, fue un ser humano, un homo sapiens, ha infrautilizado ese par de cromosomas de más que nos diferencia de las lombrices.

 

Saludos,

 

José Luis Santos

 

 

 

 

 

Le dormeur du val

 

C'est un trou de verdure où chante une rivière,

Accrochant follement aux herbes des haillons

D'argent ; où le soleil, de la montagne fière,

Luit : c'est un petit val qui mousse de rayons.

 

Un soldat jeune, bouche ouverte, tête nue,

Et la nuque baignant dans le frais cresson bleu,

Dort ; il est étendu dans l'herbe, sous la nue,

Pâle dans son lit vert où la lumière pleut.

 

Les pieds dans les glaïeuls, il dort. Souriant comme

Sourirait un enfant malade, il fait un somme :

Nature, berce-le chaudement : il a froid.

 

Les parfums ne font pas frissonner sa narine ;

Il dort dans le soleil, la main sur sa poitrine,

Tranquille. Il a deux trous rouges au côté droit.

 

 

EL DURMIENTE DEL VALLE

 

Es una hondonada de verdor donde canta un río

prendiendo locamente en la hierba jirones

de plata; donde el sol, de la montaña orgulloso,

brilla: es un pequeño valle que riela de luz.

 

Un soldado joven, boquiabierto, la cabeza desnuda,

y la nuca bañada por el fresco berro azul,

duerme; está tendido sobre la hierba, bajo el cielo,

pálido sobre su lecho verde donde llueve la luz.

 

Los pies en los gladiolos, duerme. Sonriente

como sonreiría un niño enfermo, está soñando:

Naturaleza, acunalo con calor, tiene frío.

 

Los perfumes no hacen vibrar sus orificios nasales.

Duerme bajo el sol, la mano sobre su pecho,

tranquilo. Hay dos agujeros rojos en su costado derecho.

 

Octubre 1870, Arthur RIMBAUD (1854-1891) 

 

 

 

«¡Éste respira. Está fingiendo... Ahora está muerto!»  

 

Los insurgentes ponen trampas explosivas en los cadáveres, lo que ha provocado el 50 por ciento de las bajas estadounidenses.

 

El Departamento de Defensa estadounidense investiga la ejecución de un hombre aparentemente herido y desarmado por parte de un marine estadounidense en una mezquita de Faluya. El incidente fue mostrado el lunes por varias cadenas de televisión parcialmente censurado. En la secuencia, se escucha a un marine decir que uno de los prisioneros iraquíes inmóvil en el suelo se hace el muerto antes de dispararle con su rifle automático a quemarropa. El tiro fatal fue disparado por un soldado que aparentemente no sabía que el iraquí era un prisionero herido que no presentaba ninguna amenaza. Un día antes del suceso mortal otra unidad de marines había ocupado la misma mezquita y desarmado al grupo de rebeldes.

 

Por Teresa Boo

 

La Razón, 17/11/04, 08.13 horas

 

El marine estaba muy alterado. El día anterior había recibido un disparo en la cara. En el suelo de la mezquita había cinco iraquíes. Dos recostados contra una pared. Uno estaba muerto y los otros gravemente heridos. «¡Está fingiendo, se hace el muerto!», gritó el marine. «Sí, está respirando», dijo su compañero.

 

El soldado levantó su fusil M16 y disparó a bocajarro. El cuerpo del insurgente tembló y la sangre comenzó a manar. «Ahora está muerto», dijo el marine. El suceso fue protagonizado el pasado sábado por el 3er Batallón del 1er Regimiento de Marines en Faluya. El viernes esa unidad fue atacada por los terroristas. Mataron a diez guerrilleros e hirieron a cinco. El sábado seguían en el mismo sitio cuando los marines volvieron a entrar en la mezquita.

 

Fue en una mezquita de Faluya donde entró la unidad que protagonizó el escalofriante vídeo emitido por la cadena estadounidense NBC y presenciado por el reportero de la cadena Kevin Sites. Según las declaraciones del propio Sites, cuando los marines que estaban dentro de la mezquita salieron a la calle se encontraron con uno de sus superiores, un teniente que les preguntó si había insurgentes dentro y si habían matado a alguno.

 

También les preguntó si estaban armados. Los marines se limitaron a mirar al teniente y a encogerse de hombros. El día anterior, un soldado de la misma unidad había muerto cuando movió el cadáver de un insurgente. Estaba lleno de explosivos.

 

Los soldados que participan en la operación se enfrentan a todo tipo de trampas que los llevan al límite y que les hacen elegir a diario entre su vida y las reglas de combate. Los insurgentes disparan con todo lo que tienen a su disposición. Las lanzagranadas «RPG 7» es el armamento predilecto. A falta de radios, utilizan banderas negras para comunicarse entre ellos y pasar el aviso de cuándo se deben reagrupar para volver a atacar.

 

La insurgencia ha llegado incluso a llenar perros y cadáveres con material explosivo. «No toques nada que todo puede estallar», advirtieron a esta reportera en la ciudad de Faluya. Han encontrado casas enteras con cables y con bombas en cada uno de los pisos.

 

Varias zonas de la ciudad han sido minadas por completo. Los tan temidos IED (bombas improvisadas) han acabado con al menos el cincuenta por ciento de los muertos estadounidenses. La guerrilla se las ingenia como puede para atacar al enemigo ahí donde más le duele.

 

Pero nada justifica una ejecución. Grupos como Amnistía Internacional (AI), que luchan a favor del respeto de los Derechos Humanos en el mundo entero, aseguraron que ambos contendientes de la batalla rompieron con las reglas de combate que protegen a los civiles y a los soldados que han resultado heridos. El portavoz del cuerpo de marines, el mayor Doug Powell, dijo que el incidente estaba siendo investigado. El marine ha sido retirado del campo de batalla hasta nuevo aviso y el departamento de Defensa se ha puesto al frente de las pesquisas para aclarar lo ocurrido.

 

«Seguimos las leyes de un conflicto armado y nos exigimos cierta responsabilidad a nosotros mismos de lo que ocurre», dijo el teniente general John Sattler. «Vamos a investigar qué es lo que realmente pasó y protegeremos los derechos de todas las personas involucradas» en el incidente. En «Camp Faluya», la base militar del Ejército estadounidense en la ciudad sitiada, los marines apoyan al compañero que está siendo investigado y aseguraron que lo más probable es que se encontrara bajo un gran estrés debido a los combates. 

 

 Para ellos, el asesinato de los insurgentes en la mezquita no es ni mucho menos un escándalo. «Yo entiendo por qué lo hizo. Hacía ya varios días que corría por Faluya y estaba siendo atacado. Creo que la investigación debería tener también muy en cuenta las circunstancias bajo las que se encontraba», dijo el marine Christopher Hanson.

 

«Yo hubiera matado al insurgente también. De dos disparos en la cabeza. No puedes confiar en este tipo de personas. El marine no tendría que ser investigado. No hizo nada malo», dijo otro militar, Nicholas Graham.

 

Los soldados de la Primera División de Infantería señalaron que el uso de la fuerza está justificado siempre que sea en defensa propia. «Esto es un campo de batalla. Ellos están usando todo tipo de técnicas para matarnos. Tengo decenas de soldados que han perdido una parte del cuerpo o están muertos», explicó el capitán Krivda, de la Taskforce 2.2 a LA RAZÓN.

 

Mirar al enemigo a los ojos y hacerse cargo de si está herido es un problema para muchos soldados y más si un compañero ha resultado muerto. Poco después de un combate el sargento Díaz tuvo que llevar a un insurgente al hospital. «Éstos mataron a mi sargento mayor hace días. ¿Por qué no se muere este tío de una vez?», comentó. «Éstos nos hubieran decapitado si nos hubieran encontrado heridos en la ciudad. Ése es el problema».

 

Enlaces

Ø       Otro marine: «Yo también lo habría matado» http://www.larazon.es/noticias/noti_int21696.htm

 

 

 

Los investigadores afirman que los marines de Abu Ghraib dejaron de ver a los iraquíes como seres humanos.

 

Los torturadores: mentes sanas en un ambiente enfermo.

 

Por Rosa M. Tristán

El Mundo, viernes, 26 de noviembre 2004

26/11/04, 22.48 horas

 

Las espeluznantes imágenes de los marines torturadores de la cárcel iraquí de Abu Ghraib dieron la vuelta al mundo. ¿Cómo es posible que el ser humano llegue a tal extremo de brutalidad?, se preguntaron millones de personas perplejas. La respuesta, según los psicólogos de la Universidad de Princeton (EEUU), hay que buscarla tanto en el cumplimiento de las órdenes de su superiores como en la presión ejercida por sus compañeros en un entorno social que ha llegado a considerar a los prisioneros como seres despreciables, casi inhumanos.

 

Susan T. Fiske y sus colegas, que publican hoy su trabajo en la revista Science, aseguran que «desafortunadamente, cualquier individuo normal de 18 años podría haber realizado estas torturas».

 

El equipo de Fiske llegó a estas conclusiones tras reunir las 25.000 investigaciones que se han realizado sobre el impacto del contexto social en el comportamiento humano, estudios en los que han participado ocho millones de individuos.

 

«Personas normales pueden engancharse a comportamientos increíblemente destructivos si reciben una orden o, sencillamente, si piensan que sus superiores se lo ordenarían», aseguran los investigadores en Science. Su argumento se basa en el experimento realizado por Stanley Milgram en los años 60, en el cual un grupo de estudiantes no dudaban en castigar a otros colegas con descargas eléctricas de alto voltaje sólo porque se lo mandaron los investigadores.

 

Estructura jerárquica

 

Anteriormente, Fiske ya había estudiado casos aislados de torturadores, pero en el caso de la prisión iraquí de Abu Ghraib encontró otros factores. Por un lado, los incidentes ocurrieron dentro de una estructura muy jerárquica, como es el Ejército, y los marines han asegurado que seguían órdenes y que por ello fotografiaron todo lo que hacían.

 

 «Aunque la sociedad afirme que son los soldados los únicos responsables de sus acciones, los estudios de psicología social sostienen que sus superiores y sus compañeros, que controlaban su contexto social, también son responsables», asegura en este trabajo.

 

Las presiones a las que se veían sometidos los miembros de la 800 Brigada Policial Militar que vigilaban la cárcel incluirían, según los autores, todas las condiciones que caracterizan una situación agresiva: estaban estresados y en constante peligro, se sentían acosados por los ciudadanos que les habían enviado a salvar a EEUU, veían morir a sus compañeros... Además, eran inexpertos, vivían en un ambiente de laxitud en el comando y sabían que no iban a salir en un año de un lugar muy incómodo.

 

Encima, consideraban que los soldados iraquíes amenazaban los valores más preciados por los norteamericanos. Los prisioneros eran miembros de un grupo ajeno, enemigo y su presencia activaba la parte de su cerebro asociada a la repulsa y el rechazo.

 

Es lo que el jefe de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz, José Luis González de Rivera, define como «pérdida de la empatía».«La empatía es la capacidad de los humanos de sentir los sentimientos de otro como propios, lo que hace que ver sufrir produzca pena.Si esa empatía se destruye, el otro pasa a ser algo diferente que no o merece consideración», explicaba ayer a EL MUNDO. En definitiva, los torturadores «inhiben una de las tendencias naturales del ser humano, algo que a veces se debe a factores patológicos y otras a los culturales».  

 

En Estados Unidos, de donde provenían estos marines, la inmensa mayoría cree que los musulmanes no son ni honestos ni amistosos, un bagaje ideologico que todos llevaban en el petate.

 

Fiske, no obstante, deja claro que no se trata de excusar a los responsables de las torturas, sino de tratar de comprender científicamente su brutalidad para que no se repita. «No se pueden permitir, pero si se entiende su mecanismo psicológico, pueden prevenirse», afirma. Para esta investigadora sería importante recuperar la empatía hacia los iraquíes.

 

 «Deberían entrenarse con los marines para tener un contacto positivo», explica. Otra vía sería que estos soldados contaran con interlocutores a los que contar sus preocupaciones sin por ello violar la cadena de mando.

 

Fiske deja claro que los superiores jerárquicos son los máximos responsables de la atmósfera en una compañía. «No es algo de unas pocas manzanas podridas», asegura la profesora de Princeton.González de Rivera también lo cree así: «Son personas normales que por cumplir con la estructura se sienten obligados a torturar o a fusilar, totalmente convencidos de que hacen lo que deben».

 

Las fotos de Abu Ghraib

 

Las 'hazañas' del sargento Charles Graner, Lynndie England y al menos 27 soldados estadounidenses implicados en las torturas y vejaciones de los presos de guerra iraquíes aparecen en buscadorores como AltaVista, Lycos y Yahoo!  donde se muestran de forma explícita las imágenes.   


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