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Asunto: Ballard descubre el pecio más antiguo del Mar Negro
Fecha:Jueves, 16 de Enero, 2003  13:54:46 (+0100)
Autor:José Luis Santos - Coordinador general <joseluis @..............com>

 
 

 
El descubridor del «Titanic» excava los restos del buque más antiguo identificado hasta la fecha bajo las aguas del Mar Negro. Se trata de una nave comercial que se hundió frente a las costas de la actual Bulgaria entre el siglo quinto y tercero antes de Cristo.
 
Saludos,
 
José Luis Santos
 
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Fuente: ABC, Cultura, 16-01-03     
 
  
Ballard descubre el pecio más antiguo del Mar Negro
 
 
 
 
Dwaight Coleman, jefe científico de la expedición, a bordo del barco búlgaro «Akademik». NATIONAL GEOGRAPHIC
 
 
PEDRO RODRÍGUEZ
 
 
WASHINGTON. Robert Ballard, una leyenda viviente en la historia de las exploraciones y que reta continuamente la veracidad de la expresión «perdido en el fondo del mar», vuelve a ser noticia. Entre su abultada lista de triunfos a la hora de encontrar e investigar pecios históricos, que abarca desde el «Titanic» hasta naves fenicias pasando por el acorazado «Bismarck», este norteamericano nacido en Kansas, pero criado en San Diego añade ahora el descubrimiento del buque más antiguo identificado hasta la fecha bajo las aguas del mar Negro.
 
La nave, posiblemente de carácter comercial y con destino al Mediterráneo, habría naufragado entre los siglos V y III antes de Cristo frente a las costas de la actual Bulgaria. Por encontrarse a una relativa poca profundidad de 84 metros y en presencia de oxígeno, el casco de madera y los mástiles de este buque han desaparecido casi por completo. No así su preciosa carga de ánforas que ha permitido al equipo de Ballard identificar tentativamente la ruta y antigüedad de este buque, testigo del mayor esplendor alcanzado por las ciudades-estado de la Grecia clásica y el imperio de Alejandro Magno.
 
Durante la exploración realizada este verano con la cooperación de especialistas búlgaros y el patrocinio de la Nacional Geographic Society, se ha logrado recuperar una de estas ánforas. Según explica el propio Robert Ballard a este diario, el contenedor de arcilla albergaba en su interior unas peculiares espinas de pescado. Análisis anatómicos han identificado estos restos como pertenecientes a un pez de agua dulce parecido al barbo, que en su momento fue cortado en piezas para el consumo humano.
 
Estas espinas, que han permitido realizar pruebas de radiocarbono en la Universidad de Pensilvania, documentan todo el sofisticado tráfico comercial que debió existir hace más de dos mil años a partir de las aguas del Mar Negro, masa de agua con una extensión de 411.500 kilómetros cuadrados que une Europa con Asia por el estrecho del Bósforo y con una historia de actividades navales que se remonta a tres mil años antes de Cristo.
 
El ánfora, de unos noventa centímetros de altura o «tamaño industrial», presenta un diseño característico del sur del Mar Negro, típico de Sinop en la actual Turquía. La especie de barbo detectada en su interior, junto a restos de resinas, es típica de la península de Crimea, zona al norte del Mar Negro célebre por su riqueza pesquera. Y el hundimiento de este cargamento frente a las costas de Bulgaria sugiere una singladura con fines comerciales a través del Bósforo. Los restos orgánicos detectados, cuya datación ofrece una antigüedad de entre 2.490 a 2.280 años, son consistentes con un popular alimento de la época: trozos de pescado seco, conocidos en griego clásico como «tarichos». De acuerdo con los relatos de Estrabón, una parte de estos populares «tarichos» consumidos por todo el Mediterráneo era importada directamente desde la región del Mar Negro próxima a Crimea.
 
Éste no es el primer gran descubrimiento obtenido por Ballard en el Mar Negro, en cuyas aguas el investigador norteamericano encontró hace tres años un barco con una antigüedad estimada en torno al siglo V después de Cristo. Estos restos romanos, a diferencia de los encontrados este verano, se encuentran a una profundidad mayor y están bastante bien conservados por la ausencia de microorganismos destructores como los «teredos». Como en todas estas investigaciones con bastante de aventura y casualidad, un poco de suerte ha permitido materializar este descubrimiento. El cargamento de ánforas fue avistado por un batiscafo el 1 de agosto, último día de la expedición frente a las costas de Bulgaria. Para Ballard no cabe duda de que estos restos «facilitan a los historiadores un acceso único a una era clave en el comercio del Mar Negro hasta ahora solamente conocida a través de restos escritos».
 
Según el profesor Fred Hiebert, de la Universidad de Pensilvania y asesor de la expedición, este barco es una especie de metáfora para describir las relaciones comerciales en el Mar Negro, vibrante encrucijada que según Hiebert «quedó aislada del resto del mundo con la caída del periodo Otomano, a principios del siglo pasado. Desde entonces, el Mar Negro ha resultado difícil de estudiar por cuestiones geopolíticas. Finalmente tenemos una oportunidad de entender lo que sucedió en estas aguas hace muchos siglos».
 

 
  
Aunque Robert Ballard tiene experiencia en todos los mares del mundo, el Mar Negro se ha convertido en su gran obsesión desde 1997. Por una parte, la exploración de esta zona rodeada por las costas de Georgia, Rusia, Ucrania, Rumania, Bulgaria y Turquía estuvo vetada durante décadas como consecuencia de la guerra fría. Dificultades de acceso que contrastan con las características ideales de estas aguas para preservar restos submarinos, con unos niveles de salinidad aproximadamente a la mitad de los existentes en el Mediterráneo, bajas temperaturas y pocas corrientes.
 
La clave de este fenómeno de conservación natural se encuentra en la gran pobreza de oxígeno del Mar Negro, que impide la existencia de vida submarina en sus mayores profundidades de hasta 2.244 metros y garantiza la perduración de cascos y mástiles de madera.
 
A Ballard no se le escapa tampoco que hace 7.500 años toda esta zona sufrió una monstruosa inundación consistente con la descripción del Gran Diluvio incluida en la Biblia y en la epopeya de Gilgamesh.
 
 

 
  
Los barcos más antiguos 
 
 
Por IVÁN NEGUERUELA
 
 
La noticia del hallazgo de un barco helenístico en el Mar Negro, difundida por Robert Ballard, no altera sustantivamente el panorama actual de hallazgos en arqueología marítima. En primer lugar, porque no se han localizado restos del barco; en segundo, porque la fecha ofrecida, siglos V-III a. C., es extremadamente imprecisa; en tercero, porque el hecho de ser los restos más antiguos localizados en el Mar Negro se debe, exclusivamente, a la ausencia de investigación científica en dicho mar, tanto por parte rusa como turca.
 
Según todo ello, los barcos más antiguos del Mediterráneo siguen siendo los dos barcos fenicios de Mazarrón (Murcia), excavados por el Centro Nacional de Investigaciones Arqueológicas Subacuáticas de Cartagena, entre 1993-95 y 1999-2001, respectivamente. Se trata de dos naves del siglo VII antes de Cristo, de las que la segunda, conocida como «Mazarrón 2», conserva el barco completo, todo su cargamento en el interior y el ancla con su estacha.
 
Por otra parte, en 1996-97 se excavaron en Marsella dos barcos griegos del siglo VI a. C. En 2002 se ha descubierto en Baleares un barco del siglo VI-V a.C. Y hace escasamente una semanaGeorge Bas, el decano de la arqueología subacuática en el Mediterráneo, me informaba de que está excavando en la Costa mediterránea de Turquía un nuevo barco del siglo VI.
 
No deja de ser una gran noticia el hallazgo de este pecio, así como la capacidad tanto económica como mediática del señor Ballard para difundir sus importantes hallazgos.
 
 
 

© 2001-02 José Luis Santos Fernández - joseluis@terraeantiqvae.com
Coordinador General y Moderador de las Listas de Correo.