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Asunto: El largo camino de los homínidos hacia la inteligencia
Fecha:Miercoles, 2 de Abril, 2003  18:16:07 (+0200)
Autor:José Luis Santos <joseluis @..............com>

 
 
El complejo árbol de la evolución humana se está modificando casi constantemente. Los descubrimientos son cada vez mayores, sobre todo en la última década del siglo XX. Ramidus, Anamensis, Anteccesor, Tumai... son algunos de las últimas incorporaciones. Este esquema muestra la configuración de este árbol evolutivo de los homínidos según Arsuaga y Martínez (del Proyecto Atapuerca). Homínidos somos todos los seres humanos actuales y todos los fósiles de nuestra propia línea evolutiva, desde que se produjo la separación con la línea del chimpancé, es decir, todas las especies que caminaron de forma erguida. Como puede verse hay todavía interrogantes y lagunas que poco a poco se irán rellenando gracias a la paciencia, tesón y a la fortuna a la hora de encontrar algún resto que de más información. 
 
 
 
 

El largo camino de los homínidos hacia la inteligencia

Josep Corbella, Eudald Carbonell, Salvador Moyà y Robert Sala 

Ediciones Península Atalaya - Barcelona, 2000 

Los homínidos, los humanos y Homo sapiens son las trayectorias recorridas por este libro Sapiens cuyo subtítulo aclara: El largo camino de los homínidos hacia la inteligencia. El libro está divido en cuatro partes. La primera trata de los homínidos; la segunda de los humanos; la tercera sección habla de Homo sapiens; y un capítulo final, futuro, se ocupa del futuro evolutivo. Tres de los autores son investigadores y el cuarto autor es el periodista Josep Corbella. Con esta autoría, el libro, ya publicado anteriormente en catalán, opta por un formato poco corriente como son las entrevistas, pero que a la vez facilitan un discurso muy fluido. En ellas, Corbella va sonsacando todo el saber y el conocimiento a los expertos y el resultado se plasma en un relato muy ágil sobre nuestros ancestros y sobre los humanos.  

El libro Sapiens plantea preguntas como en qué momento de la evolución empezaron a hablar los homínidos o cómo consiguieron descubrir el fuego. También plantea cuestiones tales como porqué hay razas distintas o bien porqué desaparecieron del planeta los hombres de Neanderthal. Finalmente se interroga sobre quiénes son realmente nuestros antepasados directos. Los autores contestan a todos estos interrogantes con un lenguaje accesible y demuestran una gran capacidad de comunicación. 

En este Quark dedicado a las tecnologías de la lengua, queremos mencionar de manera especial las páginas de este libro dedicadas al lenguaje. En el capítulo «Primeras palabras» se constata que los expertos que han estudiado los cráneos de Homo habilis han encontrado en ellos pequeñas depresiones y relieves que se interpretan como un molde de los relieves y depresiones del cerebro. El análisis de un cráneo permite deducir a grandes rasgos la forma del cerebro que había en su interior, del mismo modo que mirando un negativo se puede deducir cómo es una foto. En el cráneo de Homo habilis se ha observado una cavidad que corresponde al área de Broca, una de las regiones del cerebro donde los humanos tenemos programado el lenguaje. Esto ha llevado a algunos expertos a afirmar que los Homo habilis ya tenían una forma primitiva de lenguaje oral. 

Eudald Carbonell, uno de los coautores del libro, no cree que tuviesen un lenguaje articulado tan eficiente como el nuestro, porque entonces su cerebro tendría que haber sido mayor y se habrían encontrado pruebas de una cultura más avanzada. Sin embargo, es posible que tuvieran una forma de comunicación intermedia entre la de los primates que se comunican mediante sonidos, y la nuestra. Sería posiblemente un lenguaje monosilábico, gramaticalmente desestructurado, pero suficiente para la vida de un Homo habilis. 

Otro capítulo interesante es el titulado «Un lenguaje básico» en el que el autor comenta los indicios de que la especie humana no fue la que inventó el lenguaje. Estos indicios son que en la base de la lengua hay un pequeño hueso donde se insertan algunos de los músculos que mueven la lengua llamados hioides. Este hueso es distinto en los humanos que en cualquier otro primate. Este capítulo constata que se han encontrado dos huesos hioides de hace 300 000 años que son más parecidos al de los humanos que al de los demás primates y es probable que los humanos de aquella época pudieran articular una gran variedad de consonantes distintas, como los humanos actuales. Este autor confirma que eran lenguajes rudimentarios y con una estructura fonética muy sencilla con poca capacidad de expresar conceptos. 

Queremos hacer una mención aparte del capítulo «Homo antecesor» dedicado a la historia del descubrimiento de esta nueva especie anterior al Homo sapiens encontrada en el yacimiento de Atapuerca y considerada como uno de los padres fundadores de la especie humana. Si después de leer Sapiens, el lector se queda con más ganas de saber, los autores aportan una selección de tres obras que recomendaría a una persona interesada en la evolución humana. Esta selección de lecturas con toda seguridad permitirá satisfacer esta curiosidad. 

Por otro lado, Sapiens hace buena pareja con otro libro de divulgación, o socialización como prefiere llamarla Eudald Carbonell, Planeta humano.

Planeta humano 

Eudald Carbonell, Robert Sala 

Ediciones Península - Barcelona, 2000 

Este libro de la colección Historia, Ciencia, Sociedad de Ediciones Península nos habla del proceso de hominización y humanización de nuestro planeta. Los autores de Planeta humano repasan cada una de las adquisiciones que se convertirán en propias de los humanos, desde el bipedismo adquirido por los primeros homínidos hasta el desarrollo del lenguaje simbólico. 

Lo interesante de este volumen es que los autores aportan datos empíricos recientes de la arqueología prehistórica y la paleontología humana, entre los cuales destacan los descubrimientos de Atapuerca. 

También mencionaremos de Planeta humano los dos capítulos dedicados al lenguaje, «La imagen del mundo como adaptación: el lenguaje» y «Y el lenguaje se hizo arte». En el primero, los autores tratan el lenguaje como una de las grandes adquisiciones humanas, que permite una conexión fluida, rápida y eficaz entre todas las adaptaciones previas a ella y entre todos los mundos que componen nuestra existencia. Sin embargo, en cualquier estudio sobre lenguaje elaborado por paleontólogos y arqueólogos se tiende a reducirlo a la expresión oral y a las capacidades fonadoras de los homínidos; y no podemos dudar de la importancia crucial de esta especificidad humana, sobre todo porque permite la fluidez comunicativa entre las otras formas de lenguaje y el resto de las adquisiciones vinculadas a él. Los autores comentan en este apartado que la lengua es actualmente un elemento aglutinador y vehiculador, pero eso no es todo, porque no podemos reducir el lenguaje al habla. Los humanos hemos creado numerosos y diversos lenguajes; y el lenguaje verbal, probablemente, ni siquiera debió de ser el primero. 

Es interesante en estos capítulos el recordatorio de cuáles son las áreas implicadas en el proceso del lenguaje. Son el área de Broca, situada en el lóbulo frontal y próxima a un área que controla facultades motrices, y el área de Wernicke, en el lóbulo temporal, al lado del área auditiva. Los autores del libro señalan la importancia del desarrollo del lóbulo temporal como un rasgo propio de nuestro género y la fisura de Silvio, que lo separa del resto del cerebro como una característica que los humanos poseemos en exclusiva. 

La lectura del libro nos confirma que el lenguaje hablado precisa, además de las estructuras neuronales, la adaptación de la anatomía del aparato fonatorio: un órgano emisor de sonidos y un aparato que filtre y module las frecuencias y tonos para ser capaces de producir los fonemas que conforman la estructura básica de una lengua. El primero de estos órganos es la laringe y las cuerdas vocales situadas en ella. El segundo conjunto, ya más complejo, constituye lo que llamamos el tracto vocal supralaríngeo y comprende las cavidades nasal y bucal, los labios, la faringe y la lengua (que determina las frecuencias finales de los sonidos). Esto permite la capacidad de ampliar y mejorar el registro de los sonidos que somos capaces de articular. Evolutivamente el descenso de la laringe, la elevación del paladar, la reducción y engrosamiento de la lengua y, en general, una modificación completa del rostro son las condiciones necesarias para poder comunicarnos verbalmente.  

A través del libro descubrimos que la base biológica y las adquisiciones necesarias para su desarrollo, tales como el lenguaje, proceden de la evolución de los humanos y de la historia de las adaptaciones sucesivas que la han hecho posible.  

Una de las conclusiones de Planeta humano es que disponemos de la información suficiente como para no tener que plantear las preguntas de siempre: ¿cuándo nos hicimos humanos? ¿A partir de qué momento somos humanos? La respuesta que encontramos en la lectura del libro es que no hay un momento definido, sino que se trata de un proceso largo, que se inició hace más de cuatro millones de años y todavía continúa. 

 

 
Fuente: Science, Octubre 5, 2001, pág. 32 

Se descubre un gene ligado al lenguaje 

El lenguaje es el que hace la gran diferencia entre el hombre y los primates. ¿qué hizo que el lenguaje fuera posible en los seres humanos y en otras especies? un gene ligado al lenguaje puede llegar a descorrer el velo. 

Los animales pueden emitir sonidos propios de cada especie, como ladrar, mugir o relinchar, pero sólo el hombre puede emitir la enorme variedad de complejos sonidos que son necesarios para hablar. Recientemente un equipo de investigadores afirma haber ubicado el primer gene que estaría directamente involucrado en esta capacidad única, propia del ser humano. El descubrimiento puede dar algunos indicios de cómo se procesa el lenguaje en el cerebro, y también "cómo" y "cuándo" se inició el lenguaje, lo que constituye un punto clave para conocer la evolución humana. 

El gene individualizado se ha denominado FOXP2. El fue identificado estudiando a los miembros de una familia inglesa, que por generaciones ha sufrido un grave desorden en el lenguaje. En el estudio también se incorporó un niño que no estaba relacionado con la familia, pero que presentaba los mismos síntomas. 

El descubrimiento fue hecho por un equipo integrado por Svante Paabo, genetista del Instituto Max Planck en Alemania, por Phillip Lieberman, investigador en lenguaje de Brown University en Providence, Rhode Islands y un grupo de otros colaboradores. Ellos advierten que el descubrimiento aún no es definitivo, ya que posiblemente el proceso es muy complejo y en él deben intervenir numerosos otros genes. 

La familia que permitió hacer la investigación ha presentado el desorden del lenguaje por lo menos en tres generaciones. Cerca de la mitad de los miembros de ella, sufre de este síndrome. Ellos presentan una variedad de síntomas que afectan su habla y su lenguaje, desde tergiversar la pronunciación a poner las palabras en un orden equivocado. También tienen dificultades para entender el lenguaje. "La base del déficit radica en una incapacidad para secuenciar y seleccionar los signos pequeños que forman las palabras y las frases", señala el neurocientista Varghan-Khadem del Instituto de Salud Infantil de Londres. Esta incapacidad se extiende también a las secuencias motoras (musculares), que hacen posible la emisión de los diferentes sonidos, teniendo dificultades para cerrar sus labios, abrir su boca y mover su lengua. Por medio del scanner cerebral, Varghan-Khaden identifica en estos pacientes un defecto que ubica en el ganglio basal, región en que se interconecta el centro del lenguaje con los movimientos musculares necesarios para ello (ver fig. 1). El gene mutante que los investigadores han identificado en esta familia, estaría ubicado en el cromosoma 7. El niño que sin pertenecer a la familia tiene los mismos síntomas, muestra que el mismo trozo del cromosoma 7, en que estaría ubicado el gene, se ha cambiado de lugar con un segmento del cromosoma 5. 

En estudios moleculares del gene, los investigadores han encontrado que existe una mutación, en que se ha cambiado un nucleótido específico en la secuencia del DNA. Se trata de la adenina, que se ha cambiado por guanina. Aparentemente este simple cambio transforma en inactivo al gene, haciéndose así evidente los síntomas (Nature, Octubre 4, 2001). 

El aspecto muscular y motor del síndrome ha entusiasmado a los investigadores que trabajan con monos. Michael Tomasello del Instituto Max Planck, señala que los monos son incapaces de controlar los músculos de su boca con la precisión que se necesita para pronunciar las consonantes (fig. 2). "Si esta capacidad no se hubiera desarrollado en los humanos, habría sido imposible que nuestra especie hubiera llegado a hablar", señala Tomasello. Ahora ellos se han puesto a trabajar, tratando de individualizar este gene FOXP2 en los primates, para establecer qué diferencias tiene en ellos comparándolo con la versión humana normal (Science, Octubre 5, 2001, pág. 32). ¡A lo mejor allí está la razón porque los monos no llegaron a hablar!. 

 

© 2001-2003, José Luis Santos Fernández - joseluis@terraeantiqvae.com
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