| Asunto: | [transpersonal] Miedos míticos y miedo al mito (ciencia, paraciencia y simbolismo) | | Fecha: | 13 de Agosto, 2002 17:56:03 (+0200) | | Autor: | Eduardo Robredo Zugasti <symploke @.......com>
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Estimados colegas
Texto publicado en http://www.geocities.com/elforonuevo/tarot que puede servir
para continuar la polémica iniciado por Paulino.
El desprecio por el simbolismo no es mas que una superchería cientificista
iconoclasta y logocéntrica, un miedo mítico (y un miedo al mito, en definitiva)
en última instancia, irracional ("nada en exceso", ni siquiera la luz de la
razón, que en efecto es causa de ilustración racional, pero también de
"insolación" racionalista). La razón omniabarcadora, positivista y
ascensional (heroica), que no es consciente de su dialéctica (de su hybris)
termina por abarcar sus propios confines, y en ellos comparece la irracionalidad
reprimida como sombra, olvidada pero latente. El efecto de la proyección recae,
como es sabido, sobre las "para-ciencias" (falsas ciencias) y su reino mítico de
oscuridad y confusión. Ya tenemos los dos términos de la oposición sagrada: La
Ciencia con sus ministros cuasi-eclesiales (en efecto, la ciencia es católica,
universal, como la Iglesia...) y sus sacramentos, y la Para-ciencia con sus
ministros demónicos y sus execramentos (por utilizar los términos de un viejo
censor español riojano, Fray Martín de Castañega, que como no es difícil de ver
aún continúan latiendo en el fondo del problema). Convencer a todos de la
naturaleza "anímica" de este problema (que de ningún modo será resuelto por vía
logo-discursiva), y no ya epistemológica o gnoseológica, se me antoja una tarea
hercúlea, pues siempre recaerá sobre este planteamiento la sospecha de estar
argumentando ad hominem (y no mas bien ad animam) dejando a un lado de modo
"dogmático y acrítico" las "cosas mismas".
La disyunción (exclusiva) "ciencia o paraciencia" resulta, así las cosas,
sospechosa e ideológica, pues da a entender, aún de modo subliminal, que todo
conocimiento no iluminado por la "comunidad científica" ha de ser regulado y
juzgado sumarísimamente sobre la base de patrones cientifistas (según sobre todo
las “ciencias duras” o ciencias naturales, al parecer el modelo ejemplar de la
Verdad misma). Pero este esquema tan dicotómico oscurece el hecho de que en los
límites de la ciencia moderna no se encuentra la para-ciencia, ni tampoco, la
no-ciencia, sino mas bien la filosofía (y delimitar que sea eso de "filosofía" es
prácticamente una tarea infinita...).
En principio, despachar formas de la imaginación simbólica como puedan ser la
astrología, el tarot o el i-ching (por citar los ejemplos mas caros de apologetas
y detractores) en tanto "para-ciencias", me parece sencillamente un disparate
dimanado de una concepción monista del conocimiento humano. Ello no implica que
no existan en absoluto "para-ciencias" (en efecto, determinadas partes de la
pedagogía y el psicoanálisis "científico" lo son, así como la ufología, la
parapsicología, etc), pero si saberes simbólicos como el Tarot o la Astrología
(que no pretenden establecer nexos causales entre fenómenos, sino que se basan en
un paradigma de conocimiento diferente e irreductible) han quedado confinados a
la oscuridad, la confusión y el fraude desvergonzado, eso solo quiere decir que
nuestra sociedad "del conocimiento" vive en el interior de una gran escisión
anímica, una separatio oppositorum o desimplicación radical entre verdad y
sentido, logos y eros, palabra y símbolo.
El "programa escéptico", el "racionalismo crítico", la "filosofía analítica" y
demás alternativas "racionales" (a las paraciencias) han distinguido
tradicionalmente entre significado cognitivo (objetivo, universal) y significado
emotivo (subjetivo, particular). Este último quedaba relegado a los márgenes de
la poesía y los saberes estético-artísticos, allí donde podían preservarse a
salvo de contaminaciones (acentuándose así la dicotomía selva-ciudad,
científico-poeta, y quedando relegado el saber filosófico a "metalenguaje" de la
ciencia), algo así como en una "reserva india" de la cognición humana. Pero
resulta que la razón humana solo está desafectada en las probetas del
laboratorio, allí donde la esterilización racional hace estrictamente necesaria
la pureza y desafección. En todos los demás ámbitos de la vida, el logos está
cargado de eros, la razón está afectada y es impura, cont-animada y simbólica. A
la "alternativa racional" habría que oponer, en resolución, una "alternativa
relacional" que tome conciencia de la ontologicidad de los opuestos en liza.
La ciencia, como conocimiento objetivo del mundo (o mas precisamente, de
determinados fenómenos regulares enlazados sintéticamente y de los cuales tenemos
constancia verificable a través de cursos operatorios diversos), es desde luego
un saber indispensable al que resultaría no menos disparatado dar la espalda, y
esto no ya como "filósofos", sino como simples "hombres de la calle". Sin
embargo, la ciencia no es el único "saber efectivo" sobre el mundo (como
sostendría el monismo cognitivo), aunque si aquel que más nos acerca a la verdad
fenoménica y causalista. Pero hasta el momento en que la ciencia moderna no pueda
clausurar conceptualmente nuestro mundo, y parece que ese momento no llegará
jamás (con permiso de teorias unificadoras y demás "super-cuerdas"), existe una
inmensa región de sentido que queda situada fuera del recinto científico, en los
límites de la misma Filosofía y casi a la par del Mito. Es muy dudoso que la
ciencia efectiva (y no ya la ciencia como mito o metarrelato) proporcione, de por
sí, ningún sentido positivo al mundo, ninguna cosmogonía o cosmología con
auténtico sentido anímico, aunque si pueda recortar, limitar e incluso negar los
sentidos posibles, de ahí su indispensable función crítico-negativa. Pero es el
caso que el sentido del mundo, que al decir de Wittgenstein reside "fuera de el"
(esto es, fuera de los límites de la ciencia natural), necesita de algún modo ser
mostrado, simbolizado si no ya apalabrado. Pues no existe sociedad humana ni ser
humano sin mito ni cosmogonía (metáfora-raíz, lo ha llamado James Hillman) que de
algún modo lo funden, y no porque la ilustración y la ciencia no hayan podido
culminar su proyecto iluminista (que solo en el método difiere de la iluminación
mística) debido a la mala fe de la humanidad o a conspiraciones herméticas, sino
porque su tarea resulta originalmente titánica, esto es, condenada a los abismos
(oscuros, al fín y al cabo) de Tartaria.
Salud & soul making
Eduardo Robredo Zugasti.
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