El Discipulado
Maestro P. Kumar
Saludos fraternales de corazón y mis mejores deseos.
Vamos a recordarnos a nosotros mismos, los pasos fundamentales
del Discipulado que con frecuencia son olvidados, debido a nuestra
preocupación mental con conceptos muy avanzados.
Es muy normal para el estudiante que tienda a olvidar las cosas
fundamentales, y como consecuencia todo el ejercicio que se hace no da ningún
fruto. La persona que busca la verdad o la auto-transformación ha de tener una
manera organizada, una manera sistematizada de hacer las cosas, para que haya
un acercamiento equilibrado a la verdad y un progreso regular y uniforme.
Normalmente intentamos tomar una cosa de aquí y otra de allá, y en la
práctica de nuestros diez o doce años acabamos confundidos y no sabemos bien
lo que tenemos que hacer.
El Discipulado es un largo camino que no se logra recorrer de la
noche a la mañana, y si no se tiene cuidado de los pasos fundamentales, se
producirán desarrollos desiguales, más grandes por un lado que por otro, y la
consiguiente decepción o disgusto, que puede conducir a uno eventualmente a la
depresión, porque no se ha hecho lo que se tenía que hacer inicialmente, y se
han dado prematuramente los pasos avanzados.
Hay un acercamiento científico al despliegue y desarrollo
espiritual gradual, que le permitirá a uno que haya armonía en todos y cada
uno de los pasos. La belleza se experimenta en cada paso, y toda actividad nos
proporcionará la alegría necesaria. La mayoría de nosotros nos frustramos
porque nos olvidamos de las cosas fundamentales. Tenemos que tener un
entendimiento adecuado para obtener un acercamiento equilibrado.
Cuando comenzamos la enseñanza hace doce o quince años
comenzamos con las cosas fundamentales, y poco a poco construimos todo para
llegar a la sabiduría más sublime de todas.
De todos los modos y maneras hemos intentado ver el camino hacia
la verdad, hacia la Existencia Pura. Todos los seminarios nos han llevado
hasta el punto de la verdad y a los pasos necesarios o relativos a ella. Lo
único que queda es la práctica relativa a cada uno de los pasos que se han
dado en cada seminario.
La importancia de la vida de grupo es intentar vivir como almas,
alineando la personalidad con el alma. Con frecuencia la personalidad se
vuelve gorda con el conocimiento y luego se produce el consiguiente orgullo de
que se saben las cosas, y ese orgullo obstaculiza el alineamiento de la
personalidad con el alma.
El mayor problema de todos los estudiantes que se reúnen en
torno a un Maestro es el de volverse orgullosos, porque ese orgullo los separa
del resto y produce la congestión de la persona.
Las enseñanzas son exclusivamente para aquellos que hayan visto
lo suficiente en la vida; no para otros. Si la gente tiene que ver todavía
muchas cosas en la vida en lo que se refiere a comodidades físicas, saciar lo
emocional y hacer ejercicios mentales, tienen que hacerlo en el mundo de las
formas. Las enseñanzas de la Jerarquía son sólo para aquellos que tienen la
impresión de que ya han visto lo suficiente en la vida externa. Estas
enseñanzas no van destinadas a dar la plenitud mundana, y ahí es donde se
produce la confusión fundamental. Todas las enseñanzas de la Jerarquía sirven
básicamente para permitirle a uno ascender desde su personalidad, contactar
con su Yo Superior, que se llama el alma, y a partir de entonces utilizar la
personalidad como un medio para el alma. La mente, los sentidos y el cuerpo
han de ser un medio para que el alma se exprese; ahí es donde comienzan las
enseñanzas de los Maestros. Son para alinear la personalidad con el alma o
para alinear el yo inferior con el Yo Superior.
El yo inferior es el cuerpo triple, el triángulo inferior, que
tiene sus propios modelos de pensar, los propios modelos de los sentidos.
Nuestros cinco sentidos tienen sus patrones de funcionamiento, así como la
mente, que son muy fuertes. Y el cuerpo tiene también ciertos patrones, que
están en conflicto con la mente y con los sentidos, y totalmente lejos de la
conciencia del alma. Y eso es a lo que se refiere cuando se dice “El animal
indómito”, el animal no domado. Un animal no domado, como un toro o un
caballo, no son útiles. Hemos de conocer fundamentalmente la naturaleza del
animal, del animal de cada uno, es decir que tiene que haber muchísimo estudio
acerca de la personalidad en vez de ocuparnos de estudiar a los
demás.
El primer y fundamental paso es ocuparnos de estudiarnos a
nosotros mismos. Mucho es lo que tenemos en nosotros para conocer: cosas
que son conflictivas, cosas que no cumplen con nuestra necesidad. Ha de haber
una urgencia por superarlas. Nuestro cuerpo se queda corto con relación a
nuestras expectativas, a lo que esperamos. Tiene sus propias quejas para
aceptar un ritmo. El ritmo generalmente sugerido para la práctica espiritual
no es, por lo general, aceptado por el cuerpo, porque este ha desarrollado
otras costumbres, y no tiene ningún ritmo. Y lo mismo ocurre con los sentidos,
con la lengua, con la mente, y por eso si queremos contemplar no podemos
hacerlo verdaderamente. Si queremos hacer un trabajo de buena voluntad, no
podemos realmente manifestarlo, no podemos hacer que salga al exterior el
brillo del alma y su efecto magnético, porque el obstáculo está en la
personalidad. Intentamos que se amolde la personalidad, que se sintonice con
el alma. Todas las plegarias y prácticas meditativas que hacemos son para
alinear la personalidad con el alma. No se trata de aniquilar la
personalidad, sino de adaptarla a las necesidades del alma. Cuando ponemos
seriamente manos a la obra, cuando queremos alinear la personalidad con el
alma y eso se convierte en nuestro programa principal, entonces disponemos de
las enseñanzas del yoga o enseñanzas de los Maestros.
Ahora significa que ya hemos visto y conocido lo suficiente del
mundo y nos gustaría conocer algo más sutil que lo del mundo manifestado. Esta
es una de las cosas fundamentales que se asumen, que uno sienta la inclinación
de proyectarse hacia el alma, que este sea nuestro principal programa, y que
los demás programas queden subordinados a él.