Meditación
Diaria Aquí y Ahora Para
desarrollarse de forma armónica, hay que vivir la
vida en sus diferentes niveles. La forma más
efectiva de alcanzar la auto-realización es a
través de la
Síntesis.
Encarnaciones
de amor y luz divinos... siguiendo nuestro trabajo de educación
transformacional a través de las redes en internet, les estamos
acercando ahora las antiguas enseñanzas espirituales de la Kabbalah.
En ellas se sugiere que nuestro propósito aquí es ascender de los
niveles más bajos de la vida a los planos más altos. Pero con el fin
de avanzar hasta el siguiente nivel, debemos caer primero... para
adquirir y generar la energía necesaria con que impulsarnos hasta un
plano más elevado. El que podamos adquirir la energía para pasar a
un plano más elevado, y somos capaces de hacerlo, se encuentra por
completo en nuestras manos...
Ir más allá del mundo de las
apariencias
Para entender cómo funciona el ego, usted tiene que darse cuenta
de que esta falsa visión de sí mismo cree que la Tierra es la única
mora-du. Si usted se reconoce sólo como un terrícola, como quiere el
ego, su felicidad y satisfacción tendrán que ser realidades físicas,
cosas.
Pero hay un aspecto de usted que sabe que estas cosas no
proporcionan la satisfacción espiritual que supone la promesa de la
búsqueda espiritual. El planeta Tierra no es su única morada. Lo que
éste ofrece es satisfactorio sólo en parte para el invisible yo que
habita en su cuerpo. Esa faceta interna sabe que esta vida en la
Tierra no es el último destino.
Sin embargo, a la mayoría nos ha convencido el tenaz y decidido
ego, de que las apariencias son lo que cuenta en la vida, y que las
recompensas se obtienen por las apariencias. El yo interior sabe que
todo esto es muy fugaz porque las recompensas que usted obtiene de
la juventud y la fuerza física, por ejemplo, disminuirán al
deteriorarse esas cualidades físicas.
Su yo físico observa eternamente las transformaciones físicas del
cuerpo. Este reino del yo superior está gobernado por un yo interior
que es consciente de las realidades de la Tierra y de las realidades
del cielo. Es inmune a las exigencias del ego para que concentre
toda su energía en el plano terrenal.
He aquí cómo lo describe Nisargadatta Maharaj: “El mundo es la
morada de los deseos y el miedo. No puedes encontrar paz en él. Para
hallar paz debes trascender el mundo”. Y eso es en verdad el cielo
en la tierra: una experiencia de paz interior sin idolatría de las
posesiones y apariencias.
La perspicaz respuesta a la plegaria “...hágase tu voluntad, así
en la tierra como en el cielo” se halla en el conocimiento de que el
cielo no es este mundo. Es el mundo de Dios, el reino donde usted ha
destruido todo lo que ha acumulado y donde encuentra la paz a la que
hace referencia Sri Nisargadatta.
Su yo superior está más allá de este mundo de vida y muerte donde
las apariencias son lo más importante. Vea cómo esas apariencias han
triunfado sobre el yo espiritual:
• Juzgar a los demás por su apariencia. Un rasgo
común de la persona guiada por el ego es el de juzgar a los demás
por las medidas externas de sus posesiones, apariencia y
conducta.
A menudo, tras el enjuiciamiento, se decide no fomentar la
amistad con alguien, basándose en su posición social. De todas
formas, es una técnica de la que se sirve el ego para impedir que
usted conozca su yo superior.
Todo enjuiciamiento relativo a las apariencias no es más que un
modo de verse a uno mismo como mejor por comparación con otra
persona. El ego hace que se ratifique su diferenciación de los
demás, y le encanta mantenerle en dicho estado. De esa forma
consigue evitar que se sienta conectado con el universo.
Cuando uno habla con su yo superior, se aprende que, en parte, se
tiene la misma divina esencia que nos conecta a todos con la fuente
del espíritu. Su yo interior confirma que usted no es en nada mejor
que otra persona y que no necesita ni juzgar ni compararse con
otros. Hay un solo Dios, una fuente con muchas manifestaciones.
Cuando uno tiene conciencia de esto, no se puede ver a los demás
en términos de lo que poseen o de lo que parecen, ni siquiera de la
forma en que se conducen. Se relaciona con las otras personas en
función de la divinidad que fluye a través de ellas, que constituye
una manifestación de la energía que da soporte al mundo físico. En
la senda de la búsqueda espiritual, uno experimenta la energía que
fluye a través de sí y de los demás.
Entonces se es capaz de entregar amor y bondad, sin reparar en
las apariencias, porque se siente la energía espiritual. El yo
superior nos lleva a recordar la verdad acerca de alguien,
incluso cuando ese alguien lo ha olvidado.
Usted ya no juzgará a los seres, con los que se encuentre, que
sigan la senda trazada por el ego. Usted será capaz de limitarse a
observarlos con amor mientras su cuerpo se relaciona con ellos,
percibiendo la amorosa esencia divina, aun cuando ellos no la
sientan. Usted y Dios estarán unidos cuando se siguen los dictados
del yo superior.
Gracias a esa conjunción, usted será serenamente consciente de
que esta morada llamada Tierra es transitoria, y que, en ella,
sus habitantes y las posesiones de los mismos nunca permanecen
iguales. Sufren un constante cambio. El cielo, por el contrario, es
inmutable y eterno: en él no hay enjuiciamientos, ni posesiones, ni
posiciones sociales.
“Así en la tierra como en el cielo” no debe ser una expresión
vacía, sino un conocimiento de que su yo superior le insta a
descartar cualquier pensamiento de que se encuentra separado de los
demás y de Dios. “Así en la tierra como en el cielo” significa
comenzar a vivir sin Las falsas ideas que fomenta el ego.
Desde luego que muchas personas se conducirán según los dictados
de su ego. En esos momentos, su tarea es recordar al yo interior que
ellos han olvidado. Evite la tendencia a aceptar la invitación del
ego a juzgarlas. También esas personas son criaturas de Dios.
También ellas tienen la fuente de la bondad fluyendo por su
interior, aunque lo hayan olvidado o permitan que el ego domine sus
vidas. Pero la conducta de quienes están dirigidos por su ego no es
una razón para que usted haga lo mismo. Estas personas aprenderán de
sus propios comportamientos. Pero para hallar la respuesta usted
necesita consultar a su espíritu. Ésta es la manera de dominar al
ego y conocer la paz que proviene de la negativa de juzgar a otros.
Esto no quiere decir que deba aprobar la mala conducta de otros ni
que no deba hacérseles responsables de su comportamiento. Lo que
usted necesita es hablar con su yo superior, y negarse a juzgar o a
creerse mejor como resultado de comparaciones.
En la luz de Cristo, Centro Escuela
Claridad
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¡Que
las Energías de la Síntesis y la Paz, se derramen en la
humanidad!
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