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BOLETIN CENTRO ESCUELA
CLARIDAD República Argentina
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D E S
P E R T A R A
N O N I M O
DOCE
PASOS El proceso hacia la revolución
interior
Sobre la Adicción. Nunca podrás librarte de una adicción
(sea física, emocional, mental o espiritual) a menos que poseas el
convencimiento de que eres adicto.
Hasta que no adviertas que tienes una adicción no es posible
disminuir su poder. La personalidad racionaliza sus adicciones (emitiendo
argumentaciones); las engalana con los más atractivos vestidos. Te las presenta,
a ti y a los demás, como algo deseable y beneficioso. Una persona adicta al
alcohol, por ejemplo, puede contarse a sí mismo, o a los demás, que la
borrachera es una manera de liberarse, de relajarse después de un día lleno de
tensiones, de estar alegre, y, por tanto, se trata de algo constructivo. Una
persona adicta al sexo puede contarse a sí misma, o a los demás, que los
encuentros sexuales casuales son expresión de intimidad, o de amor, que son el
reflejo de una percepción evolucionada y liberada y que, por tanto, son
deseables.
El reconocimiento de tus propias
adicciones (a las carnes rojas, harinas refinadas, azucares, información,
dinero, trabajo, etc.) requiere todo un trabajo interior. Requiere que mires con
claridad los lugares de tu vida en que pierdes poder (impotencia), dónde te
encuentras controlado por circunstancias externas. Requiere examinar con
detenimiento tus defensas. Incluso cuando uno se esfuerza por alcanzar la
claridad, o cuando circunstancias externas –tales como un accidente provocado
por conducir con exceso de alcohol- nos proporcionan la evidencia de una
adicción, la personalidad continúa a menudo manteniendo una percepción de su
“dormir” (adicción) inicialmente, como si se tratara sólo de un problema sin
importancia, después como un problema, a continuación como un problema serio y,
finalmente, como un problema significativo.
¿Cuál es la causa de que la personalidad se resista a reconocer
sus adicciones?
Reconocer una adicción, aceptar
que tienes una adicción, implica la aceptación de que una parte de ti se
encuentra fuera de control.
La personalidad se resiste a
reconocer sus adicciones porque ello la obligaría a elegir entre mantener una
parte de sí misma fuera de control o hacer algo por solucionar la
situación.
Una vez que has reconocido una
adicción, ya no puedes ignorarla, y no puedes eliminarla sin cambiar de vida,
sin recurrir a un cambio de tu propia imagen, sin recurrir al cambio de tu marco
perceptivo. Y no deseamos hacerlo porque nuestra naturaleza se resiste al
cambio. Por ello, nos resistimos a aceptar nuestras adicciones.
Una
adicción no es sencillamente una atracción. Es natural, por ejemplo, que hombres
y mujeres se admiren los unos a los otros y que sientan calor y atracción por el
otro. Una adicción es mucho más que eso. Una adicción se caracteriza por el
magnetismo y el temor; por la contradicción en lo psicológico-interno
.
Existe atracción, más miedo, más sacudida de energía
desproporcionada a la situación. Pueden satisfacerse y abandonarse, pero no
sucede eso con las adicciones. Hasta que no desaparezca la autocontradicción (en
lo interno) seguirá la adicción (en lo externo).
Una
adicción no puede saciarse. Por ejemplo, una adicción sexual no puede
satisfacerse con el sexo. Esta es la primera clave para indicarnos que la
dinámica implícita en lo que parece ser a primera vista una adicción sexual, no
es sexual, sino que las experiencias de una atracción o repulsión sexual de
adicción están al servicio de una dinámica más profunda. En realidad el
alcohólico tiene sed espiritual. El sexo-adicto tiene pasión por crear. El
neurótico tiene locura por servir. Todos tienen “urgencia”; urgencia de una vida
espiritual pero no religiosa. Pero, por ejemplo, el egoísmo –rasgo principal-
del neurótico le impide servir. El egoísmo lo lleva a la locura.
Una
adicción puede estar solapada. Una adicción sexual, por ejemplo, puede hallarse
en estado latente en el interior de una relación de parentesco por miedo a
perder la seguridad que comporta esa relación, pero no puede ser purificada sin
el reconocimiento de su existencia, y sin la comprensión de la dinámica que
subyace a ella. A menos que eso tenga lugar, acabará por abrirse paso a través
de la relación de parentesco, y de la fachada de la monogamia, en aquellos
momentos en que la personalidad se sienta más insegura o más amenazada. En esos
casos, la personalidad sentirá una atracción sexual por otros.
En
nuestra especie, las adicciones sexuales son las más universales porque las
fuentes del poder se encuentran directamente ligadas al aprendizaje de la
sexualidad en la estructura humana. En nuestra especie, la sexualidad y las
fuentes de poder han sido concebidas para completarse la una a las otras. Y ésa
es la razón de que cada ser humano que se encuentra sexualmente fuera de control
tiene fuentes de poder fuera de control. En el fondo, son idénticos. Una persona
no puede estar a un tiempo en su propio centro de poder y hallarse fuera de
control o dominada por una corriente de energía sexual. Ambas cosas no pueden
existir simultáneamente.
La Adicción no es una Enfermedad . La adicción es un
hábito, una conducta aprendida que se repite con frecuencia. Es un patrón de
conducta excesivo –compulsivo .
La adicción no está motivada por
una enfermedad sino por el aprendizaje. Se necesita una Nueva Educación; no para
adquirir una conciencia, sino para crear una Conciencia. Todas las adicciones
están relacionadas con el aspecto Poder... y esa es la lección.
Lo
que, por ejemplo, provoca la necesidad de dominar a los demás es lo mismo que
causa en otras la necesidad de ser sumisos. Se trata sencillamente de la
elección del papel que el alma desea desempeñar cuando realiza un combate
idéntico al de otra alma.
El sexo utilizado sin ninguna clase
de respeto, al igual que cualquier otra actividad (o adicción) que se lleve a
cabo sin una cierta dosis de respeto (moderación), reflejan la misma cosa: un
alma que se dedica a agobiar a otra alma más débil. Por tanto, la forma de
funcionamiento de una adicción sexual sirve para recordarte que, cuando sientes
esa atracción, en ese mismo momento, posees una carencia y deseas agobiar a un
alma más débil que la tuya.
Este conocimiento vivencial te
permite penetrar profundamente en tu interior, de tal manera que, llegados a ese
punto, si deseas seguir los impulsos de tu adicción, necesitas realizar un viaje
a través de tu propia realidad.
Penetra en el interior de tu propio
temor, en el deseo de beber alcohol o de realizar actos sexuales con alguien
diferente, o cualquier otra adicción. Revisa seriamente todos aquellos momentos
de tu vida en que piensas que ganarías mucho con ello, y exígete enfrentarte
también a lo que has ganado. Tus miedos surgen de la comprensión de que una
parte de ti está creando la realidad que desea, tanto si quieres como si no, y
del sentimiento de que eres impotente para evitarlo, pero no es así.
El
momento crítico llega cuando comprendes que tu adicción no es más fuerte que tú.
No es más fuerte que lo que tú mismo deseas ser. Aunque te impulse a seguir ese
camino, ella sólo puede ganar si se lo permites. Lo mismo que cualquier otra
debilidad, no es más fuerte que el alma. Su fuerza indica sólo la cantidad de
esfuerzos necesario que se han de aplicar en ese momento de transición, en ese
convertirte a ti mismo en una totalidad.
En
el fondo, toda aceptación de una “tentación” que es más fuerte de lo que puedas
soportar implica que no deseas ser responsable de las decisiones que tomas. A
partir de la magnitud de los “costos” de tu adicción puedes medir la importancia
de la purificación de tu alma, y la fuerza de tu propia intención interior para
hacerlo. Es una respuesta compasiva a tu deseo de purificación, de llegar a ser
una totalidad.
Trata de comprender, y comprende
realmente, que aquello que se encuentra situado entre tú y una vida diferente no
es otra cosa que un problema de elección responsable. Prueba tu capacidad de
decisión porque, cada vez que eliges, al tiempo que te liberas más y más del
poder de la adicción, incrementas, también más y más, tu energía
personal.
A medida que te vas moviendo en
medio de la debilidad y que vas sintiendo ciertos estímulos de atracción
adictiva, te has de ir haciendo a ti mismo las preguntas básicas del espíritu:
¿Llegaré a convertirme en un ser más pleno de amor? ¿Hará de mi un ser más
total, más feliz?
Esta es la manera de eliminar una
adicción. Haz el camino que discurre por tu realidad paso a paso, presente a
presente. Sé consciente de las consecuencias de las decisiones que tomas y elige
de acuerdo con ello. Cuando sientas en tu propia carne la atracción adictiva del
sexo, el alcohol, las drogas o de cualquier otra cosa, recuerda estas palabras:
te encuentras situado entre los mundos dominados por tu personalidad y tu alma,
total. Tu personalidad es tentadora y poderosa porque no es responsable, ni está
llena de amor, ni es disciplinada, y por ello llama tu atención.
La
otra parte de ti es total, más responsable, más reflexiva y más capacitada, pero
exige de ti que sigas el camino del espíritu iluminado, es decir, que tengas una
vida consciente... despierta. Una Vida Consciente.
La
otra posibilidad es el permiso inconsciente a actuar sin consciencia. Y esto es
muy tentador.
¿Cuál elegir?
Si
tu decisión consiste en convertirte en un ser total, toma esa decisión. No
sufrirás tantas tentaciones ni estarás tan atemorizado como piensas. Tómala y
recuerda una y otra vez que te encuentras situado en medio de tu personalidad y
de tu espíritu. Elige con sabiduría porque ahora tienes todo el poder en tus
manos. No subestimes el poder de la conciencia. Si vives y tomas decisiones
conscientes, en cada momento y todos los días, te llenas de fuerza y tu ego se
desintegra. Cada vez que te enfrentas a ella (confirmación), ganas poder al
tiempo que ella (el ego y la adicción) lo pierde. Si desafías, por ejemplo, una
adicción al alcohol, y en ese día se te ha presentado doce veces la ocasión de
tomar una bebida, haz frente (confirmando) a esa energía cada una de las veces
(como si fuera la primera vez). Si consideras cada repetición de la ocasión como
un contratiempo, o como un indicador de que tu intención no funciona, estás
eligiendo el camino del aprendizaje a través del miedo y de la duda, del
sufrimiento. Si por el contrario, consideras cada repetición como una
oportunidad que se ofrece, en respuesta a tu intención de abandonar tu
insuficiencia y adquirir poder sobre ella, estás eligiendo la vía de aprendizaje
a través de la sabiduría, y así es como ha de ser, porque es la dirección de la
vida. La primera vez que haces frente a tu adicción, y la segunda, y la tercera,
puede llegar a parecerte que no sucede absolutamente nada. Nadie dijo que es
fácil. No trates de resolver el tema de toda tu vida en un momento. Poco a poco
la adicción irá perdiendo poder sobre ti. Cuando haces frente a una adicción y
eliges el camino de la unidad, te alineas con la ayuda procedente del
Orden-Poder Superior. Tú eres quien debe hacer el trabajo, pero siempre puedes
contar con una asistencia que se encuentra dispuesta para
ayudarte.
Medita la adicción
Un hermano que había sido
un fumador empedernido por 30 años; estaba enfermo y los doctores decían: “No
sanarás nunca si no dejas de fumar”. Pero era un fumador crónico; no podía
evitarlo. Lo había intentado –no es que no lo hubiese intentado- había hecho un
gran esfuerzo y había sufrido mucho en el intento, pero sólo por uno o dos días,
y luego de nuevo el impulso a fumar venía tan tremendamente, que simplemente lo
arrollaba. Y otra vez caía en el mismo hábito.
Siempre, por otra parte,
había un “argumento”: “porque me sentía mal, frustrado”; “porque me sentía bien,
alegre”; “finalmente por hábito”. A causa de este hábito (Adicción = hábito),
había perdido toda la confianza en sí mismo: “sabía que no podía hacer algo por
muy pequeño; no podía dejar de fumar”. Ante sus propios ojos se había convertido
en un inútil; se creía el ser más despreciable de la tierra. No tenía respeto
por sí mismo.
¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo dejar de fumar? ¿Cómo puedo
dejar la Adicción? Nadie puede dejar de fumar. Tienes que comprender, despertar.
Fumar, no es sólo cuestión de tu decisión ahora. Ha entrado en tu mundo de
hábitos; ha echado raíces. Treinta años es un tiempo largo. Ha echado raíces en
tu cuerpo, en tu química; se ha instalado y extendido por todas partes. No es
sólo cuestión que tu cabeza decida; tu cabeza no puede hacer nada. La cabeza es
impotente; puede empezar cosas, pero no puede detenerlas tan fácilmente. Una vez
que has comenzado y una vez que has practicado por tanto tiempo, cualquier
adicción, se ha hecho autónoma; tendrás que desautomatizarla. ¿Qué
quieren decir con “desautomatización”?
Haz de tu adicción una meditación.
Y eso es todo de lo que trata la meditación: desautomatización.
Olvídate
de dejar de fumar. No hay necesidad tampoco. Por 30 años has fumado y vivido;
por supuesto, era un sufrimiento, pero te has llegado a acostumbrar a eso
también. Y ¿qué importa si mueres unas horas antes de lo que habría sido sin
fumar? ¿Qué vas a hacer aquí? ¿Qué has hecho? ¿Qué vas a ganar? ¿Qué ganaste?
Así que, ¿cuál es el objeto? Ya sea que mueras el lunes, o martes, o un domingo,
este año o el otro año, ¿qué importa?
Contestó: “Si, eso es verdad, no
importa”. Entonces, olvídalo; no vamos a dejarlo en absoluto. Más bien, vamos a
comprenderlo. Así que, la próxima vez conviértelo en una meditación –exprésalo
conscientemente. Preguntó: “Fumar, ¿una meditación?”
Sí. ¿Por que no? Haz
una cosa. Cuando estés sacando el paquete de cigarrillos de tu bolsillo, hazlo
lentamente. Manten siempre la atención en el presente. Disfrútalo, no hay prisa.
Se consciente, alerta, lúcido; sácalo lentamente y con toda conciencia –no como
antes, apurado, de manera inconsciente, mecánico. Luego empieza a dar golpecitos
sobre el paquete –pero muy alerta. Escucha el sonido, el aroma. Luego huele el
cigarrillo y su belleza.
¿La belleza ? Dijo él. ¿Están
bromeando?
Si es hermoso. El tabaco es tan divino como todo lo demás. La
enfermedad es tan divina como la salud. Huélelo; es el olor de Dios. Dios
también está en el humo. Luego ponlo en tu boca, con toda conciencia, siéntelo
en tus labios, enciéndelo con toda conciencia. Disfruta de cada acto, de cada
pequeño acto, y divídelo en tantos pequeños actos como te sea posible, para que
llegues a estar más y más consciente.
Entonces, da la primera pitada:
Dios en forma de humo. Todo es Dios. Llena tus pulmones profundamente –llénalos
de Dios. Ahora, deja salir el humo, relájate, otra pitada –y hazlo muy
lentamente.
Si puedes hacerlo, te sorprenderás; pronto verás toda la
estupidez del asunto. No porque otros hayan dicho que es estúpido, no porque
otros hayan dicho que es malo. Tú lo verás, y el verlo no será solo intelectual.
Será de la totalidad de tu propio ser; será una visión de tu totalidad. Te
convertirás en un ser total. Y entonces un día, si desaparece, desaparece; si
continúa, continúa. Tú no necesitas pre-ocuparte por ello. Finalmente, habrás
reemplazado el éxtasis físico (circunstancial) por el éxtasis espiritual
(permanente). Y no necesitarás de la adicción.
Después de tres meses,
nuestro hermano nos comunicó que desapareció la adicción.
Pruébalo
también con otras cosas. Este es el secreto: desautomatízate. Caminando, camina
lentamente, conscientemente. Mirando, mira conscientemente y verás que los
árboles son más verdes de lo que jamás hayan sido y las rosas más rosas de lo
que jamás hayan sido. ¡Escucha! Alguien está hablando, chismeando; escucha,
escucha atentamente. Cuando hables, habla atentamente. Cuando practiques la
sexualidad hazlo lentamente, conscientemente, atentamente. Deja que toda tu
actividad (adicción) en estado de vigilia se desautomatice. Confía en el
Orden-Poder Superior.
En Gratitud, Unidad, Orden, Luz y
Amor...
¡Bendiciones Infinitas en todos los
planos!
Juan Angel Moliterni
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