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Un pensamiento para cada Shabat
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Asunto: Un pensamiento para el shabat, 27 de Mayo de 2005
Fecha:Viernes, 27 de Mayo, 2005  10:18:29 (-0300)
Autor:Secretaria - Lamroth Hakol <secretaria @.......org>


 

 

27 de Mayo de 2005, 18 de Iyar 5765
 
 

Una buena paga
 
Una vez había un sastre. Era ampliamente conocido como un artista que podía tomar un simple hilo y transformarlo en una vestimenta apta para un rey. Un día un comerciante adinerado vino a él con un trabajo especial. Mientras viajaba por el oriente pagó una impresionante suma por un corte de seda del Catay, la más fina en el mundo. Los ojos del sastre se encendieron pues nunca había visto una tela tan hermosa. Tomó las medidas del comerciante y un precio fue fijado por el trabajo.
 
Al día siguiente el sastre empezó su trabajo con entusiasmo. Trabajó con cuidado especial, tratando de no desperdiciar el más mínimo hilo. Una semana entera de trabajo extenuante le siguió. Eran cerca de las dos de la mañana cuando el sastre cosió el último botón sobre el vestido. Cortó el hilo con sus dientes y se echó atrás para admirar su obra. He aquí un vestido como el que jamás se había visto. Con un bostezo se dirigía a dormir, a tirar su cansado cuerpo sobre la cama. El comerciante vendría a primera hora de la mañana a recoger su traje. El sastre salió del cuarto y cerró la puerta.
 
Entonces se escuchó un ligero chirrido. Dos pequeños ojos negros brillan desde dentro de una grieta en la pared. Una larga nariz peluda husmeaba de lado a lado, y de pronto un pequeño ratón se abre paso hasta el centro del cuarto. Detrás de él aparece otro ratón, y otro ratón y otro.
 
Una enorme banda de ratones se apoderó del cuarto con un solo propósito: el vestido. Todo acabo en menos de diez minutos. Lo único que quedó fueron retazos de tela con mordiscos que contaban lo sucedido. Cuando el sastre bajó a la mañana siguiente y vió lo que pasó se afligió más allá de lo que se puede describir. Se paró en medio de su taller con lagrimas llenándole los ojos, y suspiró profundamente con resignación. Al levantar la mirada vió al comerciante frente a él, radiante por la expectativa y sin tener la más mínima idea de lo que le pasó a su invaluable vestido de seda del Catay.
 
Con un tono de voz medido el sastre le contó al comerciante de cuánto trabajó en la confección de su vestido; de cómo era una confección incomparable en todos sus años de sastre; de las largas horas de trabajo amoroso que le dedicó; y finalmente de lo que pasó la noche anterior una vez que dejó el taller. "Pero" continuó el sastre -"yo quisiera que usted me pague lo que originalmente habíamos acordado, porque, aunque usted no tiene su traje, yo puse alma y corazón en confeccionarlo."- La cara del comerciante se puso verde. "Suficiente le debería ser que no lo demande por mi seda del Catay!" Y con esto salió furiosamente de la casa. 
 
En el mundo material no hay trabajo que pague por el esfuerzo nada más. Aún cuando uno pone cuerpo y alma en el trabajo. Si no produces nada eso es lo que te pagan: nada. Pero en el campo del espíritu si uno pone verdaderamente todo su esfuerzo y empeño recibe recompensa, aún cuando sienta que no está produciendo nada concreto. Hoy es un día para dedicarlo a esto, con todo nuestro empeño.
 
Shabat Shalom
 
Rabino Fabián Skornik