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Inéditos
Delfina
Muschietti
Olivos
ha llegado el viento aunque este otoño será más
cálido, dicen las noticias: un cielo pálido raspa viejas
heridas las nuevas a la espera se abren frescas vívidas.
¿se beberá el dolor aquí sin esa boca en el color fuerte de
la Santa Rita cayendo sin pausa sobre los tapiales de Olivos
y Entre Ríos y la Villa Recchi y aquella esquina con el muro
doblado en glicinas de la Roma de Pasolini, florecida siempre
más allá de cada puntual primavera?
en el instante del sueño el ojo fuera de foco sobre las
espaldas en el agua del río la luz puntillista del atardecer en
San Antonio:
"hace quince días apenas no la conocía"
como Sylvia Plath recién casada a quien Sue Weller visitó en
Londres y encontró "deambulando por la casa con la cara arrasada en
lágrimas" Mariela la chica de 15 años que vino de Entre Ríos a
trabajar con la familia y yo encontré a las 9 de la mañana la mano
en la esponja llena de CIF y lavandina lavando el baño con la
cara arrasada en lágrimas yo misma cuando bajaba los escalones del
hall del edificio sobre la calle Maipú y encontré a mi
hermana que venía a visitarme ella me vio herida saliendo con
la cara arrasada en lágrimas hablándome a ciegas con cierto temblor
compasivo supo enseguida todo el cuadro:
el dolor final de no haber nacido para eso
a Pancho Ramírez* in memoriam
obra en silencio Thánatos calla articula el
corte no habla repite su cabecita la sangre que resbala por
el mosaico brillante de la Villa Recchi cuando desborda la santa
rita rojo bermellón contra el muro que da a la vereda simétricas
la Via Aurelia la calle Alberdi el espejo de
vidrio reluce en la cueva el retrato suspendido en el
aire otra vez el cuello limpio de la Delfi se ofrece al filo del
degüello el revés de la historia hay que salvarlo enamorado
hombre resiste cegado perdido tales
fuerzas oscuras sin Ramírez sin salva la
entrega cuelga la foto estampita provinciana captura sobre el
río San Antonio en el aura de la mirada en penumbras un
detalle sobre el original
* Pancho Ramírez, caudillo de Entre Ríos que hacia 1850
murió en manos del enemigo cuando, batiéndose en retirada, decide regresar
a salvar a la Delfina, su amada y compañera de batallas.
ha dicho Stephen Melville que la
promesa corre siempre el riesgo de ser una amenaza cuando queda jaula en cuatro
palabras molido velocísimo el azúcar del amor si la promesa ha
devenido corte sin respiro el dolor en el pecho sólo si puede
ver se calma hilo velado de la telaraña cómo habrá de
terminar lo que ahora aparece aporía no way la tarde de otoño así también
eterna sin agosto a la vista puro declinar la hora no se
vislumbra una transparencia futura enfermo
quizá sorpresivamente nuts, pazzo,
foule suddenly insane, malato, malade cadavere sconosciuto cuando los
pájaros cantan desconocido este caso amenazante de la
promesa detenida a medio andar en pleno brillo letras doradas
flash de la marquesina repentinamente spente
miniaturas
I
dos amigas sentadas en la galería que mira al sudeste
conversan en el calor de diciembre, sube al juego verde y bordó de los
mosaicos del piso en plano inclinado el perfil de sus voces: reviven las
cosas que el año les trajo (ella no podía tragar y ella no se atrevía a
decir)- contra el tapial hacia la izquierda el laurel blanco algo enfermo
al que le cuesta florecer su pétalo ya casi transparente- hacia el fondo
el esplendor de luna del jazmín que ha sido plantado unos meses atrás y
rebosa perfumado: ese aire incansable de la noche de verano
II
la mano de la hija de 15 lánguida y firme sobre la falda
la palma semi hacia arriba sigue a contraluz el movimiento en ondas que
tiene el vestido sobre el pecho, cae en una dos tres vueltas de tela
finísima casi tul casi azúcar impalpable contra la silueta apenas
iluminada del borde de la piel de los dedos: abajo, en el contorno de la
cintura hacia el extremo donde la figura se corta se delínea a contra luz
opaca sobre un fondo oscurecido la mano de algún amigo que la sostiene,
desde lejos el aire de las venus helénicas
III
él había traído a casa de la calle un marco de retrato
oval color borravino oscuro con relieve de hojas y florcitas doradas: un
precioso kitsch del azar sería el contorno ideal para el abrazo de
la foto la luz perfecta que caería sobre esa miniatura en blanco y
negro
IV
en la playa el hijo de 13 observa atentamente al bebé de 2
que juega en la carpa vecina y sonríe plácido a la madre y sus no
sin berrinches y mientras la mañana transcurre suave entre el rumor del
mar y la gente el hijo piensa en el perro labrador con el que jugaba
pacíficamente en el jardín de Andrés, un amigo de su padre y dice: "Habría
que tener bebés así: bebés-labradores, siempre"
V
"¿ya está todo florecido ahí?" dice con su voz sanadora
mientras avanza septiembre y me obliga a alzar los ojos del campo minado
del dolor crecido imprevistamente en el aire del cielo, trae menta y
alcanfor paño tibio con olor a Vickvaporub sobre el pecho herido y
cansado como antes
VII
la caída a pique en el amor de los detalles: regresa en
ese hombre la línea que sigue al posarse uno sobre otro los labios y al
fumar el toque de los dedos cuando quita el cigarrillo de la boca: vuelve
en ese otro el recorte los ojos de lámina acerada hasta el fondo de lago
melancólico en silencio sobre el río al atardecer de regreso a Buenos
Aires- y en el último eslabón ahora el gesto íntimo de esta voz en el
teléfono anuda brillante acariciador hace contacto con el sonido de la voz
de aquel primero superpuestos veloces en mí prendida en los ecos de una
constelación perfecta
VIII
imposible el cielo, los árboles, el arco finísmo de lilas
y color grana de la santa rita sobre la fuente de azulejos moros azules:
aliento romano en la transparencia del aire y el vivo color verde de las
ramas, a pesar del otoño
IX
son transparencias de luz que se cruzan en el cielo del
parque de Olivos y aquel brillante de enero en la Plaza de Montevideo tras
los pájaros y el rumor del agua en la fuente cuando se perdió el verano en
la niebla blanca que cubría su cabeza y se ve nítida en la foto, sentado
en el banco con leve irritación crecida en los ojos
X
todas las estrellas del hemisferio Sur hacen arco sobre el
fondo de pasto iluminado cae el jugo de limón picante en las brasas, el
olor a leña quemada cuando se prende el fuego en Entre Ríos: esa noche se
volvía para mí verano en pleno julio un recorte del aliento alado del
calor me acompaña
Delfina Muschietti nació en
Villaguay, Entre Ríos, en 1953. Es poeta, crítica, traductora y Profesora
de Teoría y Análisis Literario en la Universidad de Buenos Aires. Ha
publicado tres libros de poesía: Los pasos de Zoe,1993 ;
EL rojo Uccello, 1996; Enero, 1999. Prepara la
edición de su próximo libro de poesía: Olivos, para Libros
del Rojas. Ha publicado ensayos de crítica sobre Oliverio Girondo,
Alfonsina Storni, Juan L.Ortiz, Alejandra Pizarnik y la poesía argentina
de los 80´ y 90´. Recopiló y prologó las Obras Completas de
Alfonsina Storni (Buenos Aires, Losada, 1999). Obtuvo en el 2000 la Beca
de la Fundación Antorchas para las Artes, para escribir el libro de
ensayos sobre poesía argentina contemporánea, Más de una lengua
(ensayos sobre poesía argentina contemporánea) (en
preparación).
[Índice] [Principio del
poema]
El rumor de las
abejas Sobre un puñado de poemas de OLIVOS, de Delfina
Muschietti
por Marcelo Díaz
Hay una quinceañera que
de lejos tiene el aire de las venus helénicas; hay una voz que, como
antes, trae menta y alcanfor; hay una noche de julio que se vuelve verano
y un jazmín que entrega, incansable, el perfume de una noche similar. Hay
Olivos, Entre Ríos, Buenos Aires, Plaza Montevideo, Villa Rechi. Y un
verso que modula, bajo una luz siempre serena y clara, el regreso de
detalles, gestos mínimos, recortes. No data, funde: luces, colores, voces,
perfumes, lenguajes, se pliegan en la transparencia del poema. El espacio
donde ese juego de ecos se da es el dolor, un dolor tenue pero
persistente, que parece estar allí para diluirse sin desaparecer nunca del
todo. Un dolor que el lenguaje a la vez erige y apacigua; porque los que
parecieran ser cuadros de una historia personal, acaban siendo cruces de
recuerdos, historia, literatura. Cada escena deviene múltiples escenas;
porque dice lo que dice y además más y otra cosa. Palabra que
sana.
Hay una voz, entonces, que liga y establece
simetrías; una voz como ese viento de otoño que esparce en el poema
asonancias lejanas, rebotes y respuestas, reiteraciones, paralelismos, y
atrae hacia sí, habiendo nombrado el dolor, una memoria personal, otra
histórica, otra literaria, una memoria de los sentidos, una memoria,
sedimentada en gestos mínimos, de la especie. Y en el movimiento con que
las atrae, lima sus contornos, difumina sus límites, las entremezcla como
esas "transparencias de luz que se cruzan" en el cielo del parque de
Olivos, en aquel otro de enero en la Plaza de Montevideo.
Nombrar es una de las tareas a las que se
entrega esa voz: nombra ciudades, plazas, calles; nombra el dolor. La otra
es murmurar, construir un ritmo que suavice, un rumor que ilumine,
construya la transparencia. Murmura, digo, con un eco etimológico del
término, aplicado al sonido que producen las abejas en su desplazamiento.
Murmura, escribo, y pienso en estos versos de Yves Bonnefoy: "es la
transparencia lo que vale, / en frases que han de ser como un rumor de
abejas, como un agua clara."
[Índice] [Principio del
comentario]
Lucía Bianco
Del mundo real
Uno
introduce
Encontré en la calle diminuta
intriga, cualquier alma discreta hubiese investigado.
Cosa rara, que no
conozco
Medida, catalogada, estudiada por otros, no
por mí. Cosa con peso y tinte precisos mímesis oculta a estos
ojos.
No adivino
Hay reglas de 30 cm. de 40, de 1 metro
de madera reglas milimetradas, escuadras, escalímetros.
Igual
como no veo = no veo
Hay compases con
agujas con clavos como ejes compases giratorios para el mar, para
la lluvia.
Cosa rara que no conozco me anda cerca
Hay
ballestitas que miden las estrellas, astrolabios, hay un número de
magnitud para cada intensidad de brillo.
Cosa seria, eso me
temo
Hay idiomas enteros como cuerpos hay miradas
distintas para cada dialecto, se inventaron o salieron las
palabras.
Salieron inventadas que junto por el suelo (no me
alcanza para decir ).
Cosa rara que no veo = no puedo
Hay
esferas armilares, celestes marítimas, terrestres, se abren como
huevos y adentro un mapa convexo que número tras número tras
número marca del recorrido de una ameba.
El pleno despiste de
una ameba sonámbula.
Ejercicio nº 1 Numerar los ejercicios ( los
anteriores , excluir posteriores )
Otro ejercicio que nos
dieron fue hacer que la hoja sea verde : sin pintura , yuyos, ni
gafas . Sin movernos ni viento . Sin creer en nada , ni en
meditaciones .
No pude.
Las ventanas tienen vocación para el
pestañeo. Así desde que titilaban a velas o farol. Un
rato descansaron. Nada de latirse, jugaron al que aguanta más
sin.
Mucha luz de foco luz de a foco, light , light ,
light fuoco.
Ayer a casa trajeron el t.v. que pagamos a
cuotas, anoche la ventana , como es natural , le hizo
guiños al edificio de enfrente. Se gustan. Ya sabemos, lo
inevitable de mirarse tantas noches seguidas en
silencio.
De repente
nace
el latido
cambiá
latido
el canal
latido
pero
partido
sin
latido
desenchufar
el latido
fuoco.
Descalzarem
V
Supongamos un
cuerpo el tuyo equipado con un poro solamente . y no lo
suficientemente grande como para generar universos ,
estambres lagrimeos extraños pero bien educados no solo un punto
de asfixia de tu cuero . Compacto ahora
vivo transitorio ora muerto, así tantos martirios de
incomunicación.
VI
Esto es una
amenaza. Si quiere no me mate responda la siguiente ¿De qué cuernos
se forma la pelusa?
VII
Parece es
insistir lo necesario: ¿De dónde y de qué se constituye la
pelusa? Apelotono la saco del ombligo del
sócalo desalojo responda o me suicido, el tacto así en la lengua
como en el dedo
Amén.
Para que A. elija la
correcta
La felicidad es: Yo que me
- hago de cuerpo chiquito
- desnudo de algunos milímetros
- minimizo
Todo mi ser una bola que anda otra vez en el vientre
materno
- bien antes de que exista el mundo
- bien tren – tren
- vientre bien
- bien , tres bien.
Lo único que me ocupa es un desmayo continuo por esa
música que llega desde afuera
- como ningún antecedente del sonido
- entre cosquilla y luz pero con sombra
- la voz que imita un eco de cordófono
percudido
El tibio líquido que es mi casa alimenta dos certezas:
1- No
voy a nacer nunca porque no
2- La cara de mi madre , que es igual a la mía , está
- cantando
- cantando
- cantando
Respuesta correcta: estoy cantando .
Bibliografía : Manual de producción de
pollos parrilleros Pág. 23 – Iluminación
artificial
"Deben evitarse las lámparas oscilantes que
causan situaciones de nerviosidad y pánico entre los
pollos"
Desean volver al huevo y no tienen Edipo , debe de
ser difícil El útero de calcio tan biodegradable tan
no tener
qué extrañar saca de quicio
Descripción
Así como más
cosas en una solamente. No invisible pero poco cierta, poco
punto entre baldozas y menos que menos brillantico
.
Verticalidad : carece Oscilación : nula
Lucía Bianco nació en 1979. Vive en
Bahía Blanca y Punta Alta. Editó algunos poemas en forma de plaqueta. Es
artista plástica y participó de la Beca de la Fundación Antorchas para la
producción y análisis de poesía coordinada por Arturo Carrera y Daniel
García Helder.
[Índice] [Principio del
poema]
¿De qué cuernos se forma la pelusa? Notas sobre la
poesía de Lucía Bianco
por Sergio Raimondi
A la experimentación que supone la investigación
científica, la investigación poética le suma la presencia impudorosa de un
yo, la posibilidad de variar o combinar los criterios de trabajo en la
duración misma del proceso y, finalmente, la conciencia del lenguaje no ya
como instrumento sino como parte misma del experimento, del hecho
estudiado en sí. Los poemas de Lucía Bianco ponen de manifiesto una
realidad (de la que son parte) inevitablemente subjetiva en la que fugas y
aporías no son excepción sino regla: lo que cuenta es el ángulo de
percepción, y el ángulo no es, ni fue, ni será único; hay una pluralidad
de acercamientos, tantos como seres y objetos como seres habitan el mundo,
y aventurar el conocimiento en esa heterogeneidad fundamental no cuenta en
cierto modo sino como, justamente, aventura y conocimiento de la aventura:
los poemas son tentativas en la forma de ejercicios, bocetos, cuadros
comparativos, opciones.
Enumero algunas de las tácticas que sostienen estos
“estudios”: a) armado de un registro de lengua que combina a un mismo
nivel, y entre otros matices, una variante científica y otra coloquial
(“Las gotas de agua son globulillos / que en patota / hacen las suyas”);
b) yuxtaposición de proposiciones lógicas con proposiciones empíricas y de
otro orden o, en su defecto, con la presentación de proposiciones cuyo
lenguaje mina cualquier posiblidad lógica (“No todos los bichos / se
mueren en bolita” o “Como todo es abono / hoy te vuelve la cuna”); c) si
una frase como organismo cerrado responde a un orbe en el que el
conocimiento puede ostentar la ilusión de totalidad, la impugnación a esa
ambición adquiere en estos poemas, por lo menos, dos formas: o la sintaxis
se interrumpe (“Salieron inventadas que junto por el suelo (no me alcanza
para decir)”) o, si se mantiene la ilusión de completud, se lo hace en
forma descentrada con respecto a la semántica (“Hoy me regalaron
pequineses / en moños de colores / y eso vibraba que era un calambre”); d)
el sistema de puntuación se desplaza y resignifica desde otro sistema, más
propio de la pintura (“, cuchillitos made in ,”); e) fisuras constantes de
las frases hechas, de modo de imposibilitar la suposición de que, aún en
su extrema inconclusividad y precariedad, el lenguaje sea confiable (“ama
del coso”, “bulgarmente”, no entrevista sino “entra vista”, no “síndrome”
sino “sin drome” o el bien, tre bien que es o “bien tren - tren” o
“vientre bien” o, en la mayor aproximación posible, “bien, tres bien”).
Digamos sin paradoja: la poesía es una instancia exacta y
precisa de conocimiento por su misma capacidad para incorporar el azar y
la vaguedad. Quien se pregunta por cómo se verán las cosas según el
lenguaje de las manos (de una tal Mora, ya que todo aquí se instiga desde
lo particular), se mete en problemas, el menor de los cuales consiste en
que dar cuenta de esa experiencia implica en un punto hacer la pregunta (y
el poema) con las manos. Lucía no se distrae, acude a materiales gráficos,
los yuxtapone a los versos y extiende así sus herramientas: hay poemas con
rayas, o mapas, o partituras, o fotografías. El desafío tiene su buena
dosis de riesgo, lo cual no dice mucho; sí que ese riesgo tenga su buena
dosis de justificación.
[Índice] [Principio del
comentario]
Miguel Angel
Petrecca
Poemas
Con el pelo largo metido en gorros de lycra y sus
cuerpos preadolescentes se paran mis alumnas en el borde; se
tiran al oir el silbato salpicando a los que duermen cerca del
agua: que el sol evapore rápido la gota indeseada, dejándoles la
piel seca otra vez antes de que despierten. El verano lleva hasta
las últimas consecuencias todo. Ahí pasan volando bajo los
helicópteros sobre las mujeres desnudas en la terraza del solarium.
Una abeja muerta flota entre dos andariveles. Debajo del agua abren
los ojos mis alumnas a una luz opaca, como de vidrio grueso de
damajuana. Los voyeurs en poses aparentemente desinteresadas
rondan la clase de natación: al tirarse de cabeza una
alumna perdió la malla: el pezón inmaduro apareció como un
destello: ves por un segundo como ese valen la pena las horas de
espera: los voyeurs con ojos hasta en la nuca tienen siempre la
primicia.
Cambiaste las cerraduras pero se te olvidó tirar estas llaves
perdidas en un cajón, duplicados anacrónicos, sin uso de las
llaves de todos los días, pensados para el momento en que nos
sacarían de un apuro doméstico, como a un arquero suplente le
toca entrar en una final, esperan acostumbrándose a ese eterno
segundo lugar, tan cerca de la simple inutilidad. Llaves
que mientras das vuelta el cajón, ponés en un costado, junto a las
cosas cuyo destino inmediato oscila del tacho de basura a la
posible reivindicación, ese pantalón de hace dos años con la
etiqueta del negocio colgando: un estreno quizás postergado
esperando esta oportunidad, como si lo hubieses comprado
pensando en un regalo para alguien que aún no conocías.
Recuperar en forma de mitología fabulosa las cosas comunes y
corrientes que nos rodearon en esa época: un hermano y un perro, o
el chico (uno mismo) cuya gesta seguimos exagerando en memorias cada
vez más fantasiosas. Ahora me veo en miniatura reflejado en el
espejo del picaporte que mi mano hace girar: el jardín como antes, a
ambos lados de un camino torcido; pisando por la parte tupida,
busco hundida en el pasto como una piedra esa tortuga que
dejamos atrás al mudarnos. Ermitaña nos rechazaba sin dudar,
metida en su caparazón como una vieja en su cueva. Su
plan: deshacerse de nosotros, escondida el día de la mudanza
pensaba que quedaría sola en la casa como un robinson en su isla:
con apenas un hojita de lechuga o en su defecto pasto
sobreviviría olvidándonos lentamente como su peor pesadilla.
La muerte de sucesivas mascotas en la infancia nos preparó para
la visita terrible al dormitorio de la abuela, un cementerio de
animales favoritos en el jardín de esa casa, junto a la
pared medianera los enterramos uno al lado del otro en una
hilera sin nombres, un perro al lado de otro perro, al lado de
otro perro o gato, casi una fosa común. Una mascota moribunda,
veterana compartía sus últimos días con un cachorro nuevo, traído
para desviar nuestra atención de la muerte próxima o
consolarnos de antemano. Los reemplazábamos por otro en seguida, con
la idea de que eran en el fondo todos el mismo animal, como un
pequeño dios familiar reencarnado sucesivamente en perro, en gato,
en perro.
I
Como la muerte súbita por un gol de carambola, el
campeonato perdido sobre la hora, nos quedamos sin nafta a pocos
kilómetros de la meta, el auto comenzó a sacudirse y paramos en
la banquina. Hacer dedo con una mano en el bolsillo y un pulgar de
la otra señalando en una amplia dirección.
IV
De a poco están desarmando mi auto, una
cantera de repuestos para los autos destartalados del lugar, como
cuervos sobre una carcaza, queda cada vez más la
carrocería hueca, el esqueleto. Ahora hago pan y queso sobre el
riel con el tren que se acerca. La carrocería celeste
incendiada por el sol se llena de hormigas que encuentran miguitas
de alfajor entre los asientos. Cada tanto un chico se sienta al
volante e imita el ruido del motor. Mi auto abandonado en la
banquina se convierte en un mojón, una referencia para los baquianos
que orientan a los viajeros: "pasando un taunus celeste,
doscientos metros, doblá".
V
Autos que quedaron como un acordeón, o volcados a
diez metros de la banquina después de intentar, imagino esquivar una
vaca que aparece a la vuelta de una curva: chatarra prodigiosa de
los accidentes dejada a modo de advertencia a ambos lados del
camino.
Miguel Angel Petrecca nació en
Buenos Aires en 1979. Es estudiante de Letras en la UBA y obtuvo una
mención en el concurso Diario de Poesía / VOX.
[Índice] [Principio del
poema]
Mitologías Acerca de la poesía de Miguel Angel
Petrecca.
por Mario
Ortiz
Hay cuatro versos en los que Petrecca explicita el programa poético de
estos textos: "Recuperar en forma de mitología / fabulosa las cosas
comunes / y corrientes que nos rodearon en / esa época..." El poeta es
entonces como ese voyeur que espera el momento erótico en que aparece lo
que estaba oculto: el tesoro de un pezón adolescente, que en un punto
puede equipararse a unas llaves en desuso guardadas en un cajón. La mirada
poética es también la de un arqueólogo (otra especie de voyeur) que
estudia y evalúa las ruinas de lo cotidiano, pero también el proceso mismo
de destrucción.
Mirada, y también memoria, una de las funciones más arcaicas atribuidas
a la poesía, recuperar en forma de mitología determinados hechos, sólo que
aquí no pertenecientes a una comunidad, sino más bien de un mundo privado,
muchas veces ligado a la infancia. Este es el programa; el instrumento es
un lenguaje despojado y preciso que tiene la alta virtud de reponer el
objeto recuperado ante nuestra mirada de lector (quien, nuevamente, es
otra especie de voyeur en busca de destellos).
[Índice] [Principio del
comentario]
Reseñas
Los gauchos de esta
pampa / Monestés,
Carlos Ediciones del Dock, Buenos Aires,
2001
Una estética del repulgue /
Omar
Chauvié
Vívidas escenas, casi
novelescas.
Si dijéramos poemas de gauchos (el titulo no pretende
esconder esa caracterización), o poemas de hombres solitarios en la
inmensidad de la tierra, contemplados bajo el cristal de la parodia,
pensaríamos que estamos ante una escena conocida en la literatura
argentina. Pero, hay algo más.
El de Monestés es un buen libro de gauchos,
aunque, mejor, diremos que es un libro de campesinos o de paisanos - si la
diferenciación pudiera establecerse como pertinente-, pensando, a partir
de esta distinción menor, en un grupo social no tan específico ni de
ubicación temporal tan definida. Entonces, un libro de campesinos, que
reproduce con un decir poético particular, escenas de la vida de la pampa
no tan lejanas en el tiempo , pero a su vez impregnadas del matiz
legendario que le da el recuerdo de los poetas gauchescos: ¿Cuándo sucede
todo esto? ¿Qué tan lejano es este pasado apartadísimo de nosotros y por
qué tan próximo a la vez?
Este tipo social arquetípico, con una tradición fuerte en la
cultura argentina, sigue presentando en el texto de Monestés aristas que
suscitan interés. Es
esta una vuelta a la literatura gauchesca , pero desde un plano local,
desde una inserción en lo cotidiano y lo desmesurado a la vez, inserción
en lo real y lo deliberadamente ficcional y jocoso, a través de la
fantasía de paisanos que se convierten en tornados, de roperos que
conversan, de gauchos en sillas ratonas, o dispuestos a ser enterrados en
un cementerio privado.
Se apoya el retorno a ese género en un
registro oral donde se intenta que los gauchos hablen como los gauchos, y
que, aún, la voz narradora adopte dicho registro. Otro camino de retorno es la
vitalización de lo político, casi en el tono del final del texto
hernandiano ("acuerdensé a qué bando pertenecen"); esta vindicación no está reñida
con lo cómico, aquí hay humor, pero no hay despolitización a través del
humor, no hay parodia como burla de los hombres simples. Son campesinos, que desde su
trabajo y su contemplación del mundo, parecen a la espera de la acción
(política).
Además, como todo texto de la pampa, maneja
la proporción del espacio, la doble dimensión de la llanura, pero la
unidimensionalidad de la línea es creadora de peligro en el llano: el
lazo, el horizonte, las riendas; la pampa es el universo del espacio, pero
aquí lo peligroso son las líneas "Si no se apura, el horizonte le corta la
cabeza de un tajo a Irineo"
Este, más que como un grupo de poemas
conceptuales, se manifiesta como breve novela ritmada por una pluralidad
de voces y de personajes: en cada tirada de versos se perfilan un ejemplar
y un arquetipo. Llamativamente, esta comedia humana rural se nos presenta
como un mundo de hombres grandes; son paisanos viejos en su mayoría, no
hay niños en este universo, la excepción es algún recién nacido, que no es
más que una excusa para la reflexión. Tenemos la impresión de contemplar
la vida de hombres crecidos, cansados y resignados al devenir de la
pampa.
Clima de trabajo
El libro es la oportunidad de toparse con "gauchos" en
plena tarea, en un peculiar mundo de trabajo, de actividades que van de lo habitual a lo
inverosímil ( de los que juntan leña para el fuego, a los repulgueadores
de empanadas), y contemplarlos en la alternancia entre el trabajo y la
reflexión; esta variación, este salto continuo, da lugar a la sentencia y
al consejo como estructuras recurrentes, y convierte al poemario en un
paródico manual, útil para el hombre de la pampa, en el que se observa el
modo de actuar de los individuos, su modo de trabajar. A partir de estas
características, las sentencias, que son un rasgo típico de las culturas
tradicionales, aparecen en distintas variantes: como expresiones
reiterativas o redundantes "Y lo que hay que hacer, hay que hacer dice
Nicanor" , otras, con el tono altisonante del saber establecido: "la
ignorancia es la que hace sufrir". Pero, también se perfila, siguiendo la
matriz de la sentencia, el consejo: "se te va la soledad si escuchás el
ruido de los huesos". Ciertamente, los consejos le dan dimensión al libro,
a través de esta noción también proveniente de cultura tradicional -un
saber acendrado que se transmite oralmente-, se ordena el libro con
recomendaciones para trabajar, para el amor, para calmar los dolores del
cuerpo, para no sufrir.
Las tareas y la
palabra.
Una obra vasta , comedia humana de la
llanura, en la que se mezclan los personajes. Una fábrica de empanadas en
medio de la Pampa, donde el repulgue es la tarea principal, el detalle que
cierra el objeto, así como la obsesión en el tratamiento de la palabra
cierra el objeto poético.
En este mundo de trabajo, puede percibirse
que el texto está elaborado al filo del movimiento de las manos, un
elemento generador: el inicio del poemario está hecho desde las manos, el
repulgue de la empanada, la huella de los digitales en los objetos
trabajados, los instrumentos habituales penden de las manos ("el rebenque
le cuelga del puño"), y aún, aparecen condiciones más explícitas para
ellas ("con la mano en la cintura como pa´taparse un dolor"). Pero,
fundamentalmente, se escribe con la mano, y estos hombres están
determinados por la escritura, porque hay una reflexión permanentemente
sobre la poesía; porque todos los gauchos leen, todos los gauchos
escriben, y en esa actividad se distinguen "A la primera de cambio dejo de
escribir", "Se ha pegado un lenguaje a la almohadilla del tintero/ el
lenguaje tintinea, tira de la rienda y se enreda al palenque"
En esa vida del llano, puede observarse que
las cosas suceden y los hombres aceptan, las cosas son y los hombres las
reciben, esta constante es un factor unitivo del conjunto: "cuando uno no
sabe dice: ‘todo puede ser’" ,"La realidad es"," Melitón no sabe que hacer
con su destino", "porque el destino de la pampa es que hay que correr y
correr"; de allí, la aceptación resignada de las cosas "y no es que use el
rebenque para pegar/ lo usa porque lo usa nomás","y enderezó p´al
galpón/solamente a ver el tractor, por verlo nomás". Este es otro elemento
generador del libro, porque se repiten expresiones similares, porque es un
sentimiento generalizado que sobrevuela los textos.
Un texto construido sobre el reservorio anecdótico de la
vida de campo, donde alternan las historias conocidas de la fabulación
rural -el gaucho que le corre con su caballo a la topadora-, da a conocer
su particular intención novelística.
Tres poemas de Los
gauchos de esta pampa / Carlos
Monestés
Don Jeremías se puso a meditar sobre el
destino de los poetas
Acongojado por el destino de los poetas el gaucho Jeremías piensa
que hay que remover las cenizas del jogón para empezar de
nuevo, siempre remover y empezar de nuevo con un nuevo fuego y
quemar a los pobres, sí, quemarlos y se anima entonces Jeremías a
empezar a pensar que ya pasó la época de César. Sus huesos siguen en
Bronville. ¿Cómo estarán?, sí lo están, del que dijo: "Hay golpes
en la vida tan fuertes, yo no sé" que es una simpleza pero "abren
zanjas oscuras en el lomo más fuerte" no es ninguna
simpleza. Jeremías se imagina el lomo de la pampa zanjeado por
tantas entradas y salidas del sol, aquí y allá y acullá depende de
dónde se la mire y piensa que son zanjas más dolorosas y profundas que
los surcos del arar que sólo sirven para comer y tener, la cornucopia
le llaman que derrama monedas de oro y Don Jeremías sólo precisa que
el viento le tope la cara y cuando el bicho se desboca sólo le murmura
al oído "zaino, zaino".
Lo cierto es que el gaucho Jimerías se enreda con los lazos, las
boleadoras, y los tientos. Piden que sea él quien dome el becerro
de oro. ¿Adónde lo habrá llevado la pasión de domar? si el lazo
está en el Martín Fierro las boleadoras en los indios y el talero
en los fortines. Pero el gaucho tiene "que hacer frente a su
infortunio", siempre domar. Domar no es almibarado como alguna
poesía del caribe porque no hay amor en la doma, ni efluvios sólo
alguien que escapa y otro que tira del cabestro. El animal corre a la
cueva y atrás el huracán de tal manera que no se puede encerrar los
pájaros en la pajarera del amor. Estamos acá -piensa Jeremías- un
cuero detrás de otro y una estaca detrás de otra. Y espera Jeremías,
eso sí, que el viento levante los churquis para que se entretenga la
mirada nomás para después apagar la mirada porque la tierra cayó como
palada que tiran al jogón para apagar cenizas.
La fatalidad habita la pampa
Asigún los cuerpos tendría que ser que se miran, se refriegan y se
trasegan. Asigún los cuerpos. Asigún los cuerpos era el amor entre
don Heraclio y doña Serena. Nunca la exultación, nunca la exclamación
ni la alternancia. Decía Heraclio "si debajo del polvo no sale
nadie". Una protuberancia puede salir, o una piedrita que haga un bulto
sobre el suelo. Pero el polvo es lisito y cubre las aristas, los
rasguños y el desgarrón y si bien los ayes van y vienen y algunos
saltan por las heridas pocos saben qué hacer con ellos ¿qué mejor que
un paisaje de polvo lunar con todos los ayes metidos en los cráteres? Y
si algún ay quiere salir el viento lunar lo vuelve a enterrar. Así
estaban haciendo disgresión los gauchos alrededor de la pava sobre el
origen de todos los ayes que no es otro que LA FATALIDÁ. -La anestesia
no es para los hombres -apunta Deolindo. -Salir disparao tampoco
-agrega El Redomao. -Y menos que menos quedarse mirando las estrellas
tercia Heraclio. Siempre la discusión agarraba a los gauchos en el
crepúsculo. No se daban cuenta que no era el crepúsculo era que
tenía que darse la discusión nomás porque en la pampa no deciden los
seres humanos ni las pláticas de los seres y tampoco los crepúsculos y
los amaneceres siempre a las cosas las agarra la fatalidá. Los
seres humanos están para decidir en la política. Hasta con Dios se
decide porque se lo acompaña al muy corajudo, solamente en la pampa no
se decide porque está la fatalidá tampoco en el amor: Asigún los
cuerpos era el amor entre don Heraclio y doña Serena. Las cosas son
porque son que es la mejor manera de que sean. Es lo que yo siempre
le digo a mis hijos: estén riunidos o solos acuerdensé a qué bando
pertenecen acuerdensé de qué lado están. El bando es también
fatalidad.
El ropero
-Silencio dice el ropero. Don Calixto busca y busca las
medallitas, las estampitas, y si hay, una escarapela. La estampita
está amarilla en las puntas, la escarapela tiene oxidado el alfiler
y la medallita de cobre está intacta. Una vez, cree Calixto, que la
limpió con la franela de los lentes. El ropero dice: "Silencio" porque
Calixto está buscando y Josefa no tiene que escuchar. Ella, ahora,
está barriendo el patio de tierra y espantando a las palomas. El ropero
también está en el piso de tierra y los tacos que le puso Calixto lo
tienen nivelado. Hace días que Calixto ordena cosas en el ropero, a
espaldas de Josefa. Aprovecha a la mañana cuando ella sale a buscar
agua y se queda unos minutos más en la cama por indicación de
ella. La indicación hay que cumplirla para que no rezongue. No
puede tocarse la bufanda marrón que le ata al cuello por el frío. No
importa, el ropero es cómplice de Calixto y deja que él le rebusque sin
hacer crac-crac. Antes pensaba que era de otras personas el ruido
los otros dueños que quedaron como espíritus, Josefa, sobre todo,
algo dijo cuando escuchaban crac-crac de noche. Eso era al principio,
bueno, no tan al principio. Después no movieron más, el ropero, tenían
miedo que quedara desnivelado pero no hay muchas cosas en el
ropero. Ahora se está vaciando. Cada vez hay menos cosas porque no
se repone lo que se usa. Antes, cuando le daban importancia a las cosas
era distinto ahora es cada vez más madera y menos ropero. Y entre
abrir el ropero y tomar mate mirando el crepúsculo. ¡Ni hablar! Ni
hablar están con Doña Josefa 3 ó 4 horas y cuando ella viene con la
bufanda hay que meterse adentro. Al final la bufanda le quedó para
las cuatro estaciones y le va a quedar para siempre. En las 3 ó 4
horas es dificil hallar las palabras algunas se han perdido pero
hay que mirar para adelante -piensa Calixto- y buscar, siempre buscar,
la medallita, la estampita y la escarapela, ¡que no se caiga el
alfiler oxidado!
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reseña]
La vida
afuera / Makovsky, Pablo Editorial
Municipal de Rosario, Rosario, 2000
Lo propio,
lo extraño / Osvaldo Aguirre
En 1977, un hombre llamado Pedro Rudenko,
militante del Partido Socialista Uruguayo, llegó a la ciudad de Rosario
desde Montevideo. Tenía la misión de encontrar al vicepresidente de esa
organización, que había sido secuestrado por un grupo de tareas de la
Triple A, y recuperarlo para la lucha política. Rudenko desapareció entre
octubre y diciembre de 1981, sin que se supiera exactamente cuál fue su
final y aparentemente sin cumplir con el objetivo de su viaje. En el
intervalo redactó una serie de impresiones en un cuaderno. Esas notas
constituyeron el borrador de los poemas de La vida afuera, según se
indica en la noticia preliminar.
El libro se propone entonces como una
especie de incursión de un pasaje de ficción en el relato de la historia.
Es, dados las acontecimientos referidos, la huella de un enigma que no
podrá ser aclarado. Con toda su carga de sugerencias, se trata de una
línea lateral en el complejo recorrido que establecen los poemas. La
importancia de la misión que debe cumplir Rudenko consiste en que ha
exigido su desplazamiento físico, y esta circunstancia es la que determina
el movimiento de su reflexión. Y a la vez lo que da origen a su escritura,
como si hasta el momento hubiera estado contenido en una unidad donde el
sujeto era una sola cosa con su ambiente y entonces no existiera la
necesidad de compensar una pérdida, es decir, de escribir. "Tengo una
misión y eso/ aligera el peso de ser extranjero", se dice en una de las
escasas alusiones a lo que en principio sería el desencadenante de la
acción. Pero aquí ya se formula el verdadero eje de la historia: no la
misión en sí sino el peso de ser extranjero. En adelante, las referencias
al objeto del viaje, a las circunstancias inmediatas de la vida de Rudenko
(la militancia política) se vuelven esporádicas, accesorias.
El viaje, en la tradición literaria, es una
metáfora de conocimiento. No en sentido turístico sino en tanto
experiencia de revelación personal. Rudenko/Makovsky comienza por sentir
la incomodidad que invade a quien debe vivir en un lugar que le resulta
ajeno, donde la misma lengua se habla con un código distinto (véanse los
poemas sobre argentinos). Lo particular consiste en que esa extrañeza no
tiene límite visible y concierne, más que al alejamiento del país natal, a
una característica constitutiva de las personas. "Desnudez absoluta"
formula con extraordinaria claridad esa encrucijada. En la intimidad, el
sujeto se observa a sí mismo y descubre algo que, siendo propio, siendo lo
más propio, el ser mismo, se vuelve distante y ajeno ante su mirada: "el
cuerpo... mirado en su obscenidad de cosa". Si el personaje desaparece más
tarde sin dejar rastros, en un movimiento que prolonga al de su partida de
Montevideo, es quizá porque ha descubierto una verdad que le resulta
irreparable, que no podría solucionar aún cuando lo imposible pudiera ser
cumplido y estuviera de regreso en el sitio donde sería capaz de
reconocerse sin fisuras.
La obscenidad inherente al cuerpo queda al
descubierto en el cadáver, que yace con "la piel descolorida/ y la carne
ajena pegada a los huesos". El cadáver hace visible la situación del
objeto puro: una cosa que es mirada pero no puede mirar y que resulta
tanto más horrible porque es el signo de la vida perdida. El cadáver
impone su lugar como elemento contrario de la belleza. No por una cuestión
estética en el sentido convencional, sino porque la belleza, dice
Makovsky, se decide en "una forma especial de mirar y de ser mirado, de
acoger las miradas; una forma de cubrirse y protegerse con esas miradas,
de hacer de las miradas extrañas algo propio". La dificultad consiste en
que eso propio parece sustraerse casi por definición, parece definirse
precisamente como propio y a la vez extraño, y entonces se abre el
interrogante sobre cómo podría resolverse esa situación. En la formulación
más pesimista, el hecho de vivir aparece como un equivalente del fracaso,
en el sentido de algo que queda pendiente y al no realizarse vuelve un
poco más irreal la realidad: mejor dicho, como propone un poema, "algo
falta y esa falta le quita mundo al mundo". En otra hermosa vuelta de
tuerca sobre este tópico, viene a la memoria el olor de una plantación de
girasoles, percibido en la infancia, y cómo ese perfume "cristalizó una
visión del pasado/ que no era exactamente un recuerdo y que Rudenko/ vivió
como una expectativa".
Los poemas dan forma a un sentimiento de
nostalgia tan fuerte que comienza por la propia infancia y se extiende a
la historia de otros, pero porque los otros son de alguna manera
familiares, porque están en el propio sujeto. El porvenir parece
encontrarse en el pasado (según se desprende de las palabras de Cody, otro
personaje de este mundo habitado por uruguayos) pero no del pasado tal
como se lo conoció sino del pasado transformado por la experiencia de la
pérdida. "La casa es el lugar al que uno vuelve cuando no tiene dónde ir",
se dice en uno de los primeros poemas. El problema consiste en que ni
siquiera se cuenta con ese espacio protector. Y más adelante: "la casa
vuelve a ser un abrigo, remonta su espíritu de casa". En el camino Rudenko
ha perdido su nombre en el silencio y ha disuelto los vínculos con su
pasado sin haber encontrado nada a cambio. Esa casa debe ser ubicada
entonces en otro orden. El fracaso de una vida, puede concluirse a partir
de su caso, parece ser la condición del logro de una poesía. Si ciertas
faltas afectan decisivamente al estatus de cosas existente, la ficción que
se trama en los poemas de Makovsky, por el contrario, agrega experiencia y
un mundo desconocido para el lector.
Pablo Makovsky nació en Paysandú, Uruguay,
en 1963, y se radicó en la Argentina a los doce años. Actualmente vive en
Rosario. Es periodista en el diario El Ciudadano, cantante y letrista del
grupo La Mecedora y autor de cuentos que, por alguna razón incomprensible,
permanecen inéditos.
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reseña]
logoi zwntes
(discursos vivos) / Calvo, Laura Pixelia, San
Carlos de Bariloche, 2000.
La necesidad de convertirnos
en marineros /
Marina Yuzczuck
El título está en griego, el libro es
blanco. Del libro y los textos emana un halo de mesura y pulcritud,
incluso cierta sensación de seriedad, tal vez, como si todo el conjunto
estuviera proclamando con un aire de religiosidad que la poesía es, al
menos en parte, el lenguaje sometido a esa medida que le impone la mano
creadora al recortarlo del caos.
Los poemas del libro más reciente de Laura
Calvo son estrictamente simétricos, estrictamente centrados en la página,
prolijos, y esto no es un detalle menor. Nada parece estar fuera de lugar;
del libro mismo se desprende una especie de voluntad de orden. Lo mismo se
puede decir con respecto al lenguaje, mesurado, con las palabras como
contenidas dentro de la oración, que nunca se desbordan. Discursos vivos,
pero con un asomo de rigor mortis por momentos, excepto tal vez en
la quinta parte, "Los pozos", donde parece que se cuelan unas voces algo
rebeldes, algo descontroladas, un poco borrachas incluso, y por eso mismo
bastante atractivas.
El libro se divide en seis partes. La
primera, "Caracoles" –para mí, la más interesante, por misteriosa y
esquiva- cuenta una historia de amor en la que lo mejor es la ausencia
notoria de los amantes y de las emociones, una historia de amor contada
con pedazos y huellas. Hay un "nosotros", pero nunca se sabe a quién
alude; se deduce que hay cuerpos, pero queda la sensación de que los
cuerpos no están, porque no están los elementos para armarlos; en todo
caso, son cuerpos anónimos y fugitivos, casi invisibles. Las contadas
menciones físicas, en realidad, no hacen más que resaltar esa ausencia. En
este relato, lo que se pone en primer plano no es el amor ni los
misteriosos protagonistas, sino los lugares y objetos por los que ellos
van pasando y a los que por lo general se llega cuando los sujetos ya no
están. Al leer los poemas uno tras otro, uno se encuentra de pronto
persiguiendo no se sabe a quién, haciendo un poco de detective, y ese
movimiento de fuga invita y obliga a seguir leyendo: "Y era verdad, era
verdad/ no se trataba de no tener adónde ir/ El hombre que podía gastar/
la asignación de un mes en una cena/ había reservado también una
habitación/ Me abrió y desapareció enseguida/ deslizándose de lado por una
estrecha fisura". Y es así; hay un hombre y una mujer que se van
deslizando constantemente por distintos escenarios y de los que casi nada
se sabe, como amantes ocultos, tanto en los textos como en una habitación
de hotel. A veces ese ocultamiento es llevado a tal punto que es como si
una cámara hubiera quedado prendida cuando los actores ya se fueron, y
registrara una escena vacía: "Y ahí quedó la mejor mesa/ con su mantel,
sus servilletas/ Sin que sirvieran de nada a nadie". Cuando interviene
la voz narradora para contar lo que le pasa, esa intervención, por
discreta y medida, se vuelve extrañamente conmovedora, tal vez porque la
voz suena desamparada en medio de tanto vacío y silencio: "Las mentiras
no me causan la menor desazón/ La mentira era la siguiente:/ habían
decidido quererme mucho/ Y era verdad, era verdad/ La locura es imaginar
que Dios/ está pendiente de nosotros".
Sí, "Caracoles" está bueno, y como relato es
bastante atípico; hay una historia breve, mínima, que se convierte en otra
cosa gracias al procedimiento.
Este trabajo no parece mantenerse en el
resto del libro. El extremo opuesto se encuentra tal vez en los poemas que
están agrupados bajo el título "La palabra", en los que la autora se
dedica a denunciar los estragos causados por una educación religiosa
bastante represiva, católica en este caso, que determina, hasta el momento
en que se produce una ruptura y se empieza a buscar otro camino, toda una
manera de concebir el mundo, por ejemplo: "Nos enseñaron/ a vivir en el
orden/ y/ nos amontonamos/ como pudimos/ Buscando dar/ significado a los
patrones/ en lugar/ de estrellas dispersas/ creímos ver constelaciones/
Hasta que ya/ no pudimos soportarlo/ y averiguamos si es posible/ vaciarse
por los ojos". Hay una especie de queja y lamento a la vez por el
abandono prematuro y forzado de esa condición maravillada del niño que
vive en una proximidad feliz con las cosas y el adulto cuya relación con
el mundo está inevitablemente mediatizada por la palabra, por el apremio
de pensar y nombrar, y por la angustia: "En el sitio donde el hombre se
piensa/ un niño a tientas adivina/ Y todo el aire es una música
vaga/ y toda lengua un vidrio/ de grietas infinitas".
Lo que hay, después de la protesta, es un
intento por encontrar otra mirada, o mejor dicho, una mirada propia,
distinta de la impuesta, y por recuperar aquellas zonas del lenguaje
proscriptas por la autoridad del mundo adulto. Calvo habla desde un
"nosotros" asumiendo al parecer una voz generacional que denuncia y
reclama ("Nos enseñaron a amar a Dios/ sobre todas las cosas/ y lo
hicimos"), lo que la lleva irremediablemente a un terreno bastante
trillado, tal vez porque está demasiado pendiente de querer hablar de esos
grandes temas, como si hubiera cierta confianza en que el sólo hecho de
nombrarlos garantiza la poesía. En ese punto el texto, entonces, se cierra
en un registro que le impide moverse de ideas remanidas, aunque en algunos
versos que rompen esa monotonía se permite sugerir algo interesante, sin
cristalizarlo.
Más logradas parecen las secciones "Hermana
menor", con poemas muy breves donde se juega con la sorpresa, y "Los
pozos", en la que las imágenes se ponen a delirar, alejadas ya del
discurso abstracto; de esta última se puede decir que funciona mejor,
quizás, porque abandona la lógica más estricta que se mantiene en otros
textos y responde a la propuesta formulada en estos versos: "Cambiemos
nuestro estilo/ y convirtámonos en marineros".
Tres
poemas de Discursos vivos / Laura
Calvo
...
Hay un dicho obligado en ciertos casos:
Sal de ese
simpático mozo y que te diviertas, chica
Así que allí estaba yo
saliendo a pasitos cortos del brazo de mi querida sombra
(la
soledad no habría sido tan notoria si alguien no hubiera empezado a
llenarla y la hubiese dejado a medias)
...
Nos fuimos sin comer pero no sin pagar Y cuando intento recordar
ahora e imaginar cómo era sólo hay un mantel con figuras
concéntricas
...
(nota al pie de la historia)
Sería muy bueno pintarlo
desnudo pero nunca logramos que se desnudara del todo Por mi parte
yo estaba completamente desnuda hablándole al Amor junto al inodoro.
Después me levanté, me eché encima un ropón y ya casi al final el
Amor confesó:
Soy inocente del delito, no sólo de éste sino de
todos
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reseña]
Opinión
Apuntes
sobre música ambiental.
Por Fabián
Casas.
Un espectro recorre al guetto poético de Buenos Aires: el Vampiro de
Dusseldorf. Criticado y alabado por muchos, este personaje virtual es un
síntoma del estado de ánimo de la pequeña comunidad que lee y escribe
poesía en la Reina del Plata. ¿Quién o quiénes están detrás de esta
empresa con domicilio alemán y sin fines de lucro? Tal vez no sea tan
importante encontrar al culpable para hacerlo escarmentar por sus
improperios, como sí analizar qué función vino a ocupar entre los
cuchicheos de los poetas.
Lo cierto es que el ambiente poético local ha creado su retórica y su
farándula de mala muerte –ya que la torta para repartir es nimia- encontró
a su cantor en este compadre de Drácula.
Entender a la crítica literaria como una máquina de guerra donde se
dividen los gustos y se tratan de imponer los estilos personales, es algo
antiquísimo. Recuerden que en la película de Stanley Kubrik, Odisea 2001,
el primer mono protohumano que logra dominar un palo, lo utiliza para
pegarle a los demás y sojuzgarlos. Levis Strauss –después retado por
Derrida- teorizó también que la escritura es una forma de desigualdad
social y de opresión. Notó que en las tribus salvajes, quien había
aprendido a imitar la escritura del antropólogo, gozaba de cierta
superioridad sobre sus pares. Mucho más moderno, el Vampiro cuenta con un
mailing variado y por medio de la tecnología entra de prepo a las casas de
los intelectuales para contarles las últimas novedades del ambiente
poético. Por supuesto, no habla de estéticas ni disfruta de polémicas
literarias centradas en los textos. El Vampiro sabe que eso ya no le
importa a nadie. Buen lector de Heiddegger, descarta desde el vamos que a
los seres humanos les importe pensar. Su función es la de metabolizar el
odio y el resentimiento que, aún en medios tan amateurs como la poesía, se
juntan en la rejilla de la pileta.
Así como el niño se constituye reflejándose en el otro, muchos poetas
se construyen en su pubertad creadora imitando a unos y repudiando a
otros. De esta manera, hay una poesía que tiene música y otra que no; hay
una estética que es buena porque es seca, objetiva, y otra que es mala
porque es barroca y juguetona. O viceversa. Lo raro es que muchos poetas
ya maduros –aún cuando su trabajo no se resiente por esto- siguen pensando
en voz baja que existe determinada forma de hacer poesía que es la
verdadera, la que interroga al mundo de manera esencial.
Hay poetas que tienen la suerte –o la desgracia- de encontrar
rápidamente cierto reconocimiento de público y crítica. Astutos y rápidos,
logran también establecer los parámetros bajo los cuales quieren ser
criticados y generan una retórica crítica que sólo consiste en repetirle
lo bueno que son. Todo los días se levantan y, con el desayuno, leen el
diario de Yrigoyen. Algo similar le debe pasar a Diego Maradona. Se sabe
que quien no comulga en el Sidieguismo no puede hacer pogo con el Gran
Jugador en su palco de la Bombonera.
Malas noticias: Como en la universidad, como en las oficinas, como en
el jardín de infantes, hay facciones que se disputan un lugar en el centro
de la escena peleando y negociando lo mucho o poco que se pueda repartir.
El Vampiro trabaja con este excedente.
Hoy se podría decir que la poesía argentina goza de un boom bonzai
–si, por ejemplo, lo comparamos con la fama instantánea que logran los
actores de los reality shows. Esporádicamente los medios masivos y
semimasivos, como las revistas de actualidad o los suplementos dominicales
de los diarios, se ocupan de detallar la movida poética. Extasiados porque
los poetas también existen, muestran las costumbres de las tribus de
escribas y dan direcciones de los lugares donde se puede ir a comer algo
mientras se escucha a algun bardo recitar sus versos. Por lo general,
nunca, o casi nunca, se habla de lo que se escribe. El Vampiro tampoco lee
poesía.
¿Cuál es el ambiente que permitió que el Vampiro saliera de su
letargo de años y años bajo la oscuridad? Por un lado, tenemos una gran
cosecha de los talleres literarios. Tenemos, también, un público que lee
poesía y que, a la par, escribe versos. A diferencia de otras actividades,
el público de los poetas son poetas o potenciales poetas. Asi que estamos
todos entre amigos, pero no tanto.
Muchos de los buenos poetas jóvenes que están publicando, salieron de
talleres dictados por poetas con obra y prestigio (aunque ya hay poetas
muy noveles que, como la sopa intantánea, tienen su tallercito). Creo que
esta proliferación de bardos produjo una gran cantidad de textos que están
bien escritos. Es realmente muy difícil encontrar un poema que no esté
bien escrito. Versos bien cortados, imágenes bien plantadas, cierto tono
bien estudiado de los idiomas neutros de las traducciones americanas (una
curiosidad es la fascinación que provoca la deriva Ashberiana que late en
gran cantidad de la poesía joven argentina). Asi que habemus poetas. Una
imagen que me viene a la mente es la analogía de estos bardos precoces con
esos tomates criados artificialmente, inmensos, rojos, que esperan en las
góndolas de los supermercados. En la boca, el sabor es neutro, no era lo
que esperábamos. Ahora bien, ¿Tiene esta situación algo negativo? Yo creo
que no. Salvo que por algún decreto el gobierno nos obligue a comer estas
cosechas de taller, creo que no le hacen mal a nadie. Además, casi
siempre, en medio de todos estos tomates y choclos hermosos, está ese que
no encaja con la media. Y para el cual el taller valió la pena.
Hace ya mucho tiempo presencié una charla entre Joaquín Giannuzzi y un,
en ese entonces, joven poeta. Este estaba enojado por lo mal que escribía
X. Giannuzzi le dijo: ¡Pero por favor, dejalo tranquilo, pobre hombre,
encima que escribe mal lo estás atacando!
Lo cierto es que en este caso, alguien se enojaba por los versos malos.
Lo cierto es también que mucha gente lee para comprobar que el poeta nuevo
del que se viene hablando es malo. Y una vez que lo comprueba, respira
hondo y afila el lápiz. Mentalmente, anota: Uno menos. Y en cuanto pueda,
en cuanto le den un pedazo de papel, lo va a despedazar en público. Hay
poca gente que se enfrenta a un libro con el deseo de que éste le guste.
¿Pero debería ser así, no? ¿Por qué será? Probablemente porque estos
poetas ya no son lectores, ya no experimentan el placer de descubrir una
nueva voz con la cual negociar, sino que ese nuevo poeta del cual se viene
hablando es alguien que llega para arrebatarle un poco más de torta.
Por un lado, tenemos una gran cantidad de poetas jóvenes recién
horneados que escriben bien. Estos poetas jóvenes comprueban rápidamente
que, para subsistir, tienen que unirse con otros. Acá surgen las
afinidades selectivas y ¡zas! se ha formado un grupo literario. Este grupo
rápidamente identifica a uno o a varios enemigos y, al igual que Bin Laden
o Bush, se dice: "hay que derribarlos". Todos aplauden y salen en
manifestación. No es para desesperar, le pasa a todo el mundo. El poeta
joven se acaba de militarizar y va a la guerra en la vanguardia. Así
es.
Y aunque la Convención de Ginebra piense lo contrario, en la guerra no
hay reglas. Si no, preguntenle al joven Vonnegut, agazapado bajo una mesa
en la ciudad de Dresde, objetivo militar delirante de los Estados Unidos
en la Segunda Guerra Mundial. El Estado, cuando va a matar, se convierte
en patria. El poeta se convierte en crítico. Pero un crítico despiadado,
que va a leer sólo lo que le sirve para destruir. Pongo un ejemplo. Hace
poco, después de un recital de poesía, alguien a quien llamaré –con cierto
espíritu tarantinesco- Míster Blonde, se me acercó para decirme que estaba
muy enojado con un poeta que había prendido el ventilador de mierda en una
revista de poesía. Y acto seguido, me dijo que me quería avisar –para no
ser igual que ese traidor al que él detestaba- que me había dado con un
palo en una crítica que hizo sobre mi perfomance en un recital pasado. Me
dijo que no le habían gustado mis poemas y –como él era o es peronista- me
criticó que en una de las poesías yo llamara a Perón El Duce. Me sentí
como en esa foto en la que el Papa, recien aterrizado en Nicaragua, le
recrimina a Ernesto Cardenal su corazoncito rojo. Después de
tranquilizarlo, lo único que le pregunté fue si él se había quedado con
una copia de los poemas que yo había leído esa noche. Porque, le dije, una
cosa es la impresión que nos dan los poemas orales y otra lo que nos
sucede cuando los sometemos a una lectura tranquila. Me contestó que no,
que sólamente escribió la crítica con lo que se acordaba. Como pude
comprobar después, cuando apareció su tesis, poco le importaba a Míster
Blonde la rigurosidad crítica. En realidad, no le habían gustado ni uno
sólo de los poetas que había escuchado esa noche. No se había preocupado
por leer ni uno sólo de los poemas que pasaron por esa velada. Mister
Blonde no había ido para escuchar, aprender, disentir y sumar. Ninguno de
los que leímos esa noche tuvimos la posibilidad de leer una crítica
–aunque fuera negativa- que estuviera a la altura de una lectura
interesante. Lo de Míster Blonde fue epidérmico, con cierto tono
periodístico amarillento similar a esos programas que produce el
inigualable Chiche Gelblund en la tele. Al igual que el Vampiro, prefirió
dejar el comentario sobre los poemas para otra oportunidad.
Dejemos a Míster Blonde. Otra curiosidad de la lata de conserva del
ambiente poético capitalino es la cantidad de veces en que en poemas de
varios poetas jóvenes aparecen ficcionalizados poetas contemporáneos. Me
pregunto qué función cumplen como referentes estas apariciones. Y lo que
encuentro es una poética inmediata, hecha para unos pocos que saben de
quién se está hablando. Quién está siendo ensalzado o puesto en ridiculo
en esos artefactos perecederos. Esto no es un síntoma casual. Vivimos en
la época de los reality shows. Todos los poetas encerrados en una casa,
monitorizados día y noche, hasta que alguien determine – por un sistema de
alianzas- quién es el winner que se va a llevar el toco. ¿Cuál es el
premio en este podio? Ser considerado el poeta joven número uno de la
Capital Federal -que en mentes Unitarias, significa, del país.
Pero bueno, las peleas entre poetas ya tienen su tiempo. Dos pesos
pesados se odiaron durante un lapso del siglo xx. William Carlos Williams
no miraba con buenos ojos el éxito de su compatriota T.S.Eliot. Escuchemos
sus razones en un reportaje: "Cuando estaba a la mitad del prólogo de Kora
en el infierno, apareció Prufrock. Tuve la violenta sensación de que Eliot
había traicionado aquello en lo que yo creía. El miraba para atrás, yo
miraba para adelante. El era un conformista, con un saber, una preparación
de la que yo carecía. Sabía francés, latín, árabe, y sabe Dios qué más.
Sabía que su influencia alcanzaría a todo poeta norteamericano posterior y
lo alejaría de mi esfera. Yo había vislumbrado una nueva forma de
composición poética, una forma para el futuro. Fue un golpe para mí que el
tuviera tanto éxito; mis contemporáneos se sintieron arrastrados por él,
alejándose de lo que yo quería. Me obligó a tener éxito". A pesar de que
el humor del médico americano pudo haber sido carne de vampiro, es notable
la sinceridad con la que expresa la enfermedad que le despertó el éxito de
Eliot. De todas formas, la moraleja de este conflicto está en muchas
bibliotecas, donde los dos autores comparten un estante a pesar de haberse
odiado tanto. ¿El rechazo a Eliot le sirvió a Williams para convertirse en
un poeta personal? ¿El superpoeta Neruda creó al superantipoeta Nicanor
Parra, así como el Guasón, al matar al padre de Bruno Díaz, creó a Batman?
Usted decide.
Una curiosidad más. Siempre me sorprendió que en muchos de los últimos
reportajes que le hicieron, El poeta X no parara de arengar a los lectores
en contra de Pablo Coelho. Me preguntaba ¿por qué un poeta tan grande se
podría preocupar tanto por un buen publicista? Era notable como el rencor
lo salierizaba. Creo que la razón es sencilla. No porque el señor Coelho
fuera un autor trivial, estereotipado, representante de la charlatanería
universal –aunque todo esto incidiera- sino porque este muchacho vende
muchísimo. Parece que, tarde o temprano, los poetas quieren público y, si
es posible, unos minutos en la televisión. Y no para hablar precisamente
de metafísica.
Otra de las flores del odio. El poeta X consiguió un lugar en la tele.
Le preguntan sobre sus influencias. Tira varios nombres. Y ¡Oh curiosidad!
Todos están muertos y el único contemporáneo que se asoma entre sus
elogiados es un epígono de nuestro poeta X, pero sin su pathos…
Es probable que un libro de autoayuda tipo Cómo hacer para que la
crítica adversa no te haga pomada vendería muchos ejemplares entre los
escritores. Una máxima de este libro podría ser la solución que encontró
el Gran Buda Tostado de Retiro, Alberto Girri:"Yo a las críticas que me
hacen no las leo, las mido".
Me hago esta pregunta ¿sacar la agresividad de las relaciones
literarias es como capar a un gato? ¿Es convertir a un poeta tigresco en
un gatón gordo tirado entre almohadones? ¿Es posible una ética de la
recepción? El poeta que trata de tomar de todas las estéticas y que
reconoce sus influencias y celebra las apariciones de nuevos astros en el
firmamento ¿es un lelo paladar negro? El rencor da muestras de ser un mal
escritor. Por ejemplo, pensemos en la revista La Guacha. Cumple a
rajatabla el axioma de Dios los cría y el Diario de Poesía no los publica.
Entonces saca números flojísimos, con micrófonos abiertos de manera
demagógica para todos aquellos que quieran sumar palos al gran enemigo. Y
los lectores, que podríamos disfrutar de otra revista de poesía –hay muy
pocas- nos tenemos que conformar con chistes de salón puestos en la boca
del muñeco de turno que los editores –al igual que Chasman con Chirolita-
ventriculean. Encadenados al show del Diario de Poesía, La Guacha no
piensa otra poesía, ni abre nuevos rumbos. Se queda en boxes escribiendo
sus Resentimientos Completos. Un ejemplo muy diferente lo da la revista
Tsé-Tsé, que amplía la paleta de colores y tiene pathos para rato.
Queridos poetas, pensemos en Ricardo Balbín a la hora de despedir los
restos del General (y el Chino sufrió bien en carne propia esos versos de
Marechal que decían "Con el número dos nace la pena"). Parado, frente al
estuche de madera que tenía los restos mortales del number one, dijo, al
finalizar su discurso: "Este viejo adversario, despide a un amigo". ¿Sería
así? Balbín ¿Se reflejaría en los espejos?
Claypole, 2001.
[Índice] [Principio de la
reseña]
Arte
El
Convaleciente /
Auguste Rodin Rodin en Buenos Aires. Museo Nacional de Bellas
Artes.
por
Claudia Groesman
El mármol, atravesado por el cincel despierta de su inercia, de su
adherencia a su ser piedra. Se transforma habitando un artificio, su
esencia se trasviste para alojar un cuerpo extraño.
Lo que la operatoria del artista revela es que el material se sueña
otro, mudado de alma.
Rodin imagina un ánima oculta en la materia. Rememora la acción
performática como una lucha de opuestos entre su pulsión de dominio y el
enigma de ese cuerpo que ésta se resiste a develar. La materia se le
ofrece en su opacidad por cuanto el artista nunca la ve como lo que es
sino prefigurando su destino. Como espectadores asistimos a esa trampa
virtual que nos fuerza a una doble visión: por un lado vemos una cabeza y
unas manos que aparecen como surgidas desde adentro de la piedra
intentando emerger de lo inerte para cobrar vida, y a la inversa, como si
la piedra dotada de una fuerza abismal intentara succionar ese cuerpo
hacia el corazón mismo de su ser hasta hacerlo desaparecer. Esa materia
al descubierto que a golpe de cincel se ha abierto a significar, despierta
en nosotros la sensación de incertidumbre. ¿Qué es lo que convalece? ,
¿acaso es un guiño que Rodin hace a sus contemporáneos, acaso es la
decadencia de las formas establecidas lo que la obra denuncia ? La
idea de acabado es puesta en cuestión a través del gesto mismo del artista
de dejar inconclusa la figura, pero además la inconclusión adquiere
cualidades narrativas configurando el sentido total de la pieza. A su
vez colabora con los inicios de la autonomía formal en el arte a partir de
la independencia del modelo, convención que hasta ese momento determinaba
el proceso de creación escultórica. Por último, pone en circulación la
relación dialéctica entre el artista y su obra que de alguna manera lo
hace confrontar con su propia marca de autor, y los efectos que al hacerse
pública conmueven las normas que legislaban la creación artística hasta el
momento. Quizá sin ninguna intención explícita de ruptura y resguardada
del éxito que el autor obtuvo en vida, El Convaleciente nos brinda la
posibilidad de internarnos en el espíritu de una búsqueda que problematizó
el lenguaje de la escultura y que anunció sin prefigurarlo el porvenir de
sus futuras transformaciones.
[Índice][Principio
de la reseña]
Pintura ni dibujo / Muestra individual de Ana
Casanova en Lelé de Troya, Costa Rica 4901, Buenos
Aires
por Marina De
Caro
Gráfico, un sonido de papel, un pentagrama, una mancha en el espacio.
Partituras silenciosas. Nubes, finas partículas de agua en
suspención Nos sostienen la mirada, las pinturas de pequeño formato de
Ana Casanova. Forma y color o el solo placer de recorrer una superficie
con el pincel enmarcando el recorrido de un gesto. ¿Cuál es el mejor
recorrido, el más corto o el distraído? Las posibilidades son
infinitas pero Ana decide por gestos simples; garabatos y grafismos, capa
tras capa como si así pudiera recuperar la memoria y ahondar en el
recuerdo de un catálogo de sensaciones y sensibilidades. Con nostalgia
por la simplicidad de mínimos elementos, rosa y celeste, un exquisito
sentido duda en definir una mancha como un forma , un gesto como una línea
de contorno. ¿Cuando van a terminar de aparecer esos dibujos .? La
imagen aunque familiar no la logramos descifrar. No importa si estas
formas son percibidas, recordadas o concebidas en su intención de
recuperar una cualidad del lenguaje, una nueva conquista sobre los
primeros gestos aprendidos. La organización, un artificio al traducir
la materia en un diálogo silencioso entre un color y una línea, caracteres
y signos en un nuevo enlace gramatical Cada cuadro como una unidad que se
basta a sí mismo y a su vez necesita del otro para construir una frase,
una idea. Repetición del mismo acto con insistencia. La cantidad
intensifica la búsqueda. Obsesión por no distraerse . Una situación que
por simple no deja de desbordar en atracción, por bella no menos compleja.
En una mínima variación encontrar cada secreto, el camino de Ana
Casanova.
La muestra podrá verse desde el 14 de diciembre hasta el 14
de enero de 2002 en Lelé de Troya, Costa Rica 4901, esquina Thames en
Buenos Aires. Este nuevo espacio está a cargo de la curaduría de la
artista Ana Gallardo.
[Índice][Principio de la
reseña]
Esa porteña Stalker más la marmita caníbal
Por Rafael Cippolini
En los convulsos y entusiasmados ochenta (hace tanto o
tan poco que resuena a recuerdos de un futuro) cuando la primavera ya no
se inspiraba en Monet sino en ese político que todavía conocemos bajo el
apelativo de Alfonsín, algo así como una dispersa cofradía de artistas se
reunían, abusando de la cotidianeidad, en lo que fuera un sótano ubicado
en la porteña calle Riobamba, a metros de la Avenida Santa Fe (glorificada
en una canción, tres lustros antes, por ese interprete apodado "la rodilla
que canta").
Se trataba, claro, de al menos dos generaciones de
estetas que, interactuando en el centro de explosivas ocurrencias habían
inventado eso que llamaron "La Zona", espacio libre cuyo propietario era
un pintor y arquitecto que al poco tiempo partiría hacia Nueva York para
radicarse allá definitivamente. Por supuesto, me refiero a Rafael Bueno.
Dije que fue sótano (eran undergrounds no sólo por
definición) que lucía varios respiraderos comunicados con la vereda, a
nivel pie, los cuales los convertía en algo similar a mis amados Morloks
de la máquina del tiempo de Wells. Una mixtura de éstos con un club
privado que a veces se abría al público.
Y gustaban de alterar no exclusivamente el tiempo sino la
geografía. Una lista desordenada incluiría a Reyna, Garófalo, Monzo,
Prior, Harte, De Ilzarbe, Masoch, Avello, Kuitca y Marrone. Exponían cada
tanto, bajo títulos como "Sauna en La Zona", "Post a Go – Go", "La Zona en
la Zona" o "Los Últimos Pintores", y el resto del rato las paredes
oficiaban de taller y aguantadero.
Mucho invitaba a la performance grupal, obsesionada con
los sentidos. De lo visual a lo gustativo. Si en La Zona se
cocinaban tendencias, como se escribió en alguna parte, estos
demiurgos de la tela decidieron proponer un arte al dente.
Así sucedió que, inspirados en un corrosivo trip, Prior y
Kuitca decidieron enjuagar en cocción lenta a nada menos que Marta
Minujín. La acción podría describirse así: la blonda de lentes,
amaniatada, hundida en una marmita de aguas calentándose en medio de
frutas, hortalizas y aderezos humeantes, en sala cerrada únicamente
observable desde los respiraderos de la vereda.
Vaya caníbales, vaya merienda. Si Oswald de Andrade
recordaba, sesenta años antes o más, que los antropófagos del Brasil
devoraban enemigos y extranjeros, La Zona demostraría lo apetitoso de un
artista ¡Caníbales al cuadrado, comiéndose entre ellos!
Quizá conocieran la cita de Papini en "Meditaciones
Espirituales", deleitándose con la herejía medieval de una mujer – dios
redentora, una Crista que libraría, ya no a los hombres, sino a las
mujeres de sus pecados mundanos. Crista que bien podría ser la criolla
Christa, envuelta y pronta cocción, ofrecida en exposición y
sacrificio.
Pero la diva se les escurrió. Dicen los que la vieron que
no le alcanzaron las piernas.
Aunque, nadie lo duda, mientras corría sin que nadie la
persiga, parece que tuvo el genial ingenio de utilizar la idea, aunque
levemente modificada.
Y lo hizo más de una vez. La última, bajo la cosmética de
un reality show en la galería Ruth Benzacar.
Como era de esperar, el canibalismo, aunque soterrado,
cunde.
PD: Más canibalismo.
Tomás Maldonado invirtió años y años de su vida en la
siguiente apreciación conceptual: el arte concreto es todo lo contrario a
la abstracción, que no entendía sino como el último refugio del arte
ilusionista, figurativo.
Ahora bien: El Banco Velox y un matutino editaron el
fascículo 20 de su serie de Arte Argentino, dedicado al Movimiento
Concreto. Su título "Abstracción 1" (Monstruosa diagramación que
privilegia el formato de fascículo sobre la realidad de la obra).
Otro ejemplo más de la política de enmiendas que
cité en el número 19/20 de ramona, página 114 ("La Historia del Arte se
inventó para intentar mitigar el miedo al arte").
[Índice][Principio de la
reseña]
Recomendados
Como moverse en la telaraña.
por Antonio Alzamendi
Hola, hermanos latinoamericanos, aquí en línea
directa con ustedes, Antonio Alzamendi, el punta-punta del
ciberespacio, un experto en abrir la cancha y picar al vacío, conectado
vía satélite con el mundo desde la Isla de los Guanacos. Heme aquí, fuera
del continente, al este, rodeado de cangrejos, autoexiliado, alimentando
en soledad mi propensión natural a la sabiduría oriental, producto de
haber nacido en Uruguay hace una punta de años.
Hagamos un brindis simbólico por estas
fiestas tan extrañas: los indigentes (así se le dice ahora, me dijeron, a
los pobres) que recibieron del estado benefactor su bolsa de alimentos,
celebren con polenta y semolín; los que aún conservan un resto de poder
adquisitivo, con pan dulce, turrones, nueces y todas esas cosas que los
europeos comen sumergidos en la nieve y que nosotros engullimos con 35º de
calor, para andar arrastrándonos después con la sensación de tener una
cría de Alien a punto de reventar en el estómago. Brindemos por que el
2002 venga un poco mejor barajado. No es demasiado pedir, a ver si ligamos
un poco. Pan dulce, sidra & molotov.
Bueno, basta de cháchara, como dijera otrora
el genial estadista catamarqueño (que Dios tenga en la gloria y no lo
largue por nada del mundo). ¿Qué tenemos para recomendar hoy?
Veamos:
- BIBLIOTECA VIRTUAL BEAT 57. Sergio Rigazzio, de
BEAT 57, nos invita a pegarle una mirada al catálogo por demás
interesante de esta biblioteca y a solicitarle gratuitamente lo que nos
interese. Esfuerzo encomiable el de estos poetas que limaron sus dedos
contra el teclado para que ustedes, manga de vagos, se eviten búsquedas
infinitas. Pueden hacer sus pedidos a beatcincuentaysiete@hotmail.com . Algunos
autores y títulos que podrían recibir en sus casillas de correo
virtual:
ALEJANDRA PIZARNIK, Poemas escogidos
/ ALLEN GINSBERG, Aullido / ALLEN GINSBERG: UNA NUEVA
SENSIBILIDAD – Nota y versiones por ESTEBAN MOORE / ANNE
SEXTON, La Balada de la masturbadora solitaria y otros poemas /
CHARLES BUKOWSKI, Lo que más importa es lo bien que caminas por el
fuego / CHARLES BUKOWSKI, Abraza la oscuridad / DIEGO
CORTES, Infierno envuelto en un pañuelo / ESTEBAN MOORE,
Selección de poemas 1982-2000 / FABIAN SAN MIGUEL, Perros de la
Belleza / FEDERICO RUBENACKER, Quemen la radio / GRISELDA
GARCIA, Alucinaciones en la alfalfa (poesía) / GRISELDA GARCIA,
Sandra (narrativa) / GUSTAVO PONCE, Gotas de miel sobre un cuchillo
/ IVAN WIELIKOSIELEK, Ex (novela) / IVAN WIELIKOSIELEK,
Diario de un Doctámbulo / J.D. SALINGER, Un día perfecto para el
pez banana / JUAN VERON, Loscuro – poemas / JOHN FANTE,
Espera a la primavera, Bandini / JOHN FANTE, Pregúntale al polvo /
JOAQUIN GIANNUZZI, Violín Obligado / JORGE DIPRE-JORGE
YACONCICK, El Bodrio / JUAN L. ORTIZ, Fui al río... /
LEONIDAS LAMBORGHINI, El jardín de los poetas / LORD
CHESELIN, Cabaret Gardel / LORD CHESELIN, Pesadilla pop /
LORD CHESELIN, Ningún Lugar / MARIA TERESA ANDRUETTO, Pavese
y otros poemas / MARIO CAPASSO, El futuro es un tropel absurdo y
otros relatos / NICANOR PARRA, Rompecabezas / NUEVA POESIA USA +
POETAS DE LOS SETENTA, Notas y selección por ESTEBAN MOORE /
PATRICK PEDULA, Debiste ser una bruja / PAUL ELUARD, Mis
Horas / PAULINA VINDERMAN, Bulgaria / PORFIRIO BARBA JACOB,
Balada de la loca alegría / ROBERTO MALATESTA, Antología Esencial
(poesía, 1987/1998) / SERGIO RIGAZIO, Baladas y funciones /
SERGIO RIGAZIO, Mandalas Bebop / WILLIAM BLAKE, Proverbios
del Infierno y Algunas rosas enfermas/ BEAT 57 III – Otoño del 2001
(Jane Bowles, Sylvia Plath, Griselda García, Albertine Sarrazin, Martha
Svorcan, Patti Smith, Juliana Ceci) – versión textual / etc.
etc.
- REVUELTO MAGALLANES. Una página que Cristian
Aliaga y Alberto Fritz, que seguro nos están leyendo y por eso les vamos
a mandar un saludo (sonrían), hacen entre Viedma y Comodoro Rivadavia.
Dedicada a la creación y a la reflexión artística, histórica y cultural
de la patagonia, Revuelto ya es un clásico del sur y merece que se le
preste especial atención. Fogoneamos para eso. Anoten: www.revuelto.net
- ESCRITORES PATAGONICOS. Made in Neuquén. 100 %
calidad patagónica la de este sitio que llevan adelante Raúl Mansilla,
Macky Corbalán, Pablo Betesh, Andrés Kurfist y Mariela Lupi, entre otros
(es decir, la gente de la Casa de la Poesía de esa provincia). Pueden
consultarla en www.escritorespatagonicos.nstemp.org
- AUTOBOMBO. Un poco, nada más; una dosis
tolerable de autobombo para recomendarles que peguen un vistazo al
número 16 de www.poesia.com íntegramente dedicado a la
poesía de Bahía Blanca. Y dos anuncios: luego de mucho remar al fin vió
la luz el número 9 de VOX, y los nuevos títulos de Ediciones
VOX:
El collar de fideos, de Roberta
Iannamico; Poesía civil, de Sergio Raimondi, Diesel 6002, de
Marcelo Díaz; Las últimas mudanzas, de Laura Wittner; Cuadernos
de Lengua y Literatura II, de Mario Ortiz.
A la venta en los mejores comercios del
ramo.
Eso es todo por este año, amigos. Me despido
de ustedes hasta el próximo número con los mejores deseos y con estos
bellos versos de Raúl González Tuñón que dicen:
Y quisiera viajar al
Turkestán porque Turkestán es una bonita
palabra y además está bien lejos de
Argentina.
Si querés que tu información aparezca en
este espacio, escribime a islaguanaco@yahoo.com.ar
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